6/8/19

Inolvidables Bolsillitos

Inolvidables Bolsillitos
Homenaje a la Biblioteca Bolsillitos de Editorial Abril
Autora: Susana Navone
Esta obra está registrada en DNDA (Ditección Nacional del Derecho de Autor) bajo el expediente expediente EX-2019-58700437- -APN-DNDA#MJ. No se puede citar ninguna parte de ella sin mencionar a su autora y la dirección de este blog

                  Capítulos

*1: Cesare Civita y la Editorial Abril

*2: Boris Spivacow y la colecciones infantiles
En: https://todo-en-abril.blogspot.com/

*3: La edad de oro (1952-1959)

*4: La segunda época (1960-1976)
*5: Lo autores
*6: Los ilustradores
*7: Los lectores

20/7/19

Capítulo 3: La Edad de oro (1952-1959)



            Durante el primer gobierno peronista estaba prohibido hacer revistas nuevas por la escasez de papel. Pero, cuando Boris Spivacow tenía una idea en la cabeza, no había nada que lo detuviera.

Pensé entonces hacer una colección de libritos chiquitos para nenes, de dieciséis páginas ilustrados en colores, que se vendieran en los quioscos, con ritmo de revista semanal pero en forma de libro. [1]

Libros de bolsillo para chicos, cuatro pliegos de papel doblado que dan dieciséis páginas, incluidas la tapa y la contratapa. No hay guardas, el cuento empieza y finaliza en las partes interiores de las tapas. Tamaño del librito cerrado: diez por catorce centímetros.




El número 1 El patito feo de Andersen en versión de Disney, adaptado por Noñé, se terminó de imprimir el 20 de enero de 1952. El último en publicarse fue el número  1277 Los dibujos de Miguel, de Beatriz y Ruth, el 8 de octubre de 1976.




La colección se vendió semanalmente en los kioscos durante veinticuatro años y ocho meses y medio, casi un cuarto de siglo.
En este capítulo intentaremos analizar el porqué de tamaño éxito.
María Adelia Díaz Ronner habla de dos vertientes de la literatura infantil de esa época: una conservadora que trata de imponer a los niños el orden social establecido y otra de corte popular[2]. En la primera se encontraban autores como Constancio C. Vigil y Fryda Schultz de Mantovani. En la segunda, nuestros Bolsillitos. La autora afirma:

Esta línea de difusión de literatura infantil retoma la popular tradición de la Bibliothèque Bleu, en el marco de la llamada “literatura de cordel”, que ofrecían vendedores ambulantes conocidos como “buhoneros”.

Se llama literatura de cordel porque los vendedores ambulantes  iban en un carro y colgaban los libros de cuerdas. Eran libros baratos, versiones simplificadas de obras cultas. Por ejemplo, los cuentos de Charles Perrault, que nacieron de un autor culto que se inspiró en cuentos populares, volvieron al pueblo al ser recogidos por la Biblioteca Azul (llamada así por el color de las tapas de los libros) que simplificó el lenguaje y acortó los textos suprimiendo las descripciones, asemejándolos así a las versiones populares que recogió el  autor.
 Entonces la literatura de cordel se caracteriza por tener  textos simples que llegan lejos. En el caso de los Bolsillitos ese largo viaje tuvo dos dimensiones: la del espacio y la del tiempo.


Características de la colección

Durante toda la década del 50, las tapas eran a cuadritos, en diferentes colores según la serie. En la parte superior aparecía el nombre del autor, en letra pequeña y en cursiva. Después el título, en letras grandes, generalmente de imprenta, mayúscula o minúscula, luego la ilustración que ocupaba unos dos tercios de la página y debajo de ella, otra vez en cursiva pequeña, “Editorial Abril- Buenos Aires”




El dibujo no tenía el fondo a cuadritos sino que estaba sobre una especie de rectángulo curvo del cual siempre sobresalía alguna parte de la imagen. En la contratapa de los primeros números aparecía un rectángulo normal de color blanco rodeado por pequeños personajes que también sobresalían del mismo. Dentro estaba la lista de los títulos publicados y próximos a publicarse.
Este diseño de tapa se mantuvo hasta el número 401 Los zapatos de Clavito, escrito por Beatriz e ilustrado por Chacha, publicado el 6 de enero de 1960. El número 402, ¡Los topos son así!, escrito por Beatriz e ilustrado por Ruth, fechado también el 6 de enero, comienza la década de los sesenta con una nueva tapa…pero eran mucho más bonitas las cuadriculadas.






Estas nuevas tapas son lisas, con una guarda del lado del lomo, que al cabo de unos años, desapareció. Además, hay un cambio de nombre en la colección. En vez de “Biblioteca Bolsilltos” en las nuevas tapas dice “Bolsillitos de Editorial Abril” Sin embargo, para todos siguió, y sigue siendo, Biblioteca Bolsillitos.


La década del 50

            Los cincuenta fueron la época de oro de los Bolsillitos.
Si miramos la lista de los dieciséis  primeros títulos, publicados entre enero y abril de 1952, vemos que hay  siete de Disney. El número 1 El patito feo, el 2 El pato Donald, el 5 Bambi, el 10 Pluto, el 13 Pinocho, el 15 Mickey y el 16 Blanca Nieves. Todas las adaptaciones son de Noñé. Las reproducciones de los dibujos de Disney las hacía Luis Destuet, aunque nunca apareció su nombre en los libros. 






El número 2 es el primer Bolsillito escrito en verso y con letra cursiva. ¿Por qué ese tipo de letra? Según Susi[3], simplemente porque tenían una buena letrista llamada Amelia Domínguez García. No todos eran en cursiva, la mayoría estaban escritos en imprenta minúscula. 




Solo hay uno escrito en imprenta mayúscula: el número 153 Rosita pintora, escrito e ilustrado por Csecs. 




En cuanto al número 1 El patito feo, es muy similar a la versión de “Yo soy”, adaptada por SiroB, que es un poco más corta; pero algunos de los dibujos son exactamente los mismos.
Hay tres cuentos clásicos que no pasaron por el filtro Disney: el número 3 La Cenicienta de Perrault, adaptado por Inés e ilustrado por Teo; el número 6 Caperucita Roja, adaptado por Héctor Sánchez Puyol  e ilustrado por una misteriosa Zelanira, nombre que sólo aparece en este Bolsillito; y el 12 Gatito con botas de Perrault, adaptado por Sánchez Puyol y dibujado por Csecs, indiscutible precedente del personaje Gatito. Este texto es exactamente el mismo de la versión de “Yo soy”; las ilustraciones de Csecs también, pero hay más en el Bolsillito y algunas tienen pequeñas diferencias.




El resto es obra de autores locales: el número 4 El circo, escrito por Inés e ilustrado por Alberto Breccia; el número 7 Inosito, escrito por Inés e ilustrado por Alberto del Castillo; el número 8 La granja, de Sánchez Puyol y Alberto Breccia; el 9 Puntitos con sorpresa, el primer Bolsillito de entretenimientos, escrito y dibujado por un también misterioso Salva; el número 11 La escuelita, de SiroB  y Csecs, y el 14 Los ratoncitos, de Sánchez Puyol y Alberto del Castillo. Estos son los primeros autores e ilustradores, a los cuales veremos en detalle en los próximos capítulos.




En cuanto a las contratapas, durante casi todo 1952 fueron iguales: Como ya vimos, había un recuadro en blanco con la lista de títulos rodeado por diminutos personajes que sobresalían del mismo: Eran dos series diferentes: una  con personajes de Disney: (Donald, Margarita, los sobrinos, Mickey, Minnie y Pluto) y la otra con los verdaderos protagonistas de los Bolsillitos (el elefante de La escuelita, el gato con botas, Inosito, Caperucita, el perrito de La granja y el papá de El ratoncito).
Antes de la lista iba el siguiente texto:




Estas series, diferenciadas por el color de las tapas, se mantuvieron ordenadas durante el primer año. Pero después comenzaron a confundirse y el color de las tapas ya no tenía nada que ver con el tema.
Creo que esta confusión se debió al hecho de que dejara de aparecer el recuadro con esta información  ya que, en el número 41 Lauchita Rin-Rin, de Noñé y Alberto del Castillo, publicado el 17 de diciembre de 1952, nació, como habitante de las contratapas…¡Pepe Bolsilltos!




Un nene gordito, con pantalones largos azules, una gorra verde y un buzo rojo con su nombre escrito en él sobre una franja amarilla, proponía a los lectores el siguiente juego: ordenar cuatro cuadritos con imágenes del cuento.  Así, en todas las contratapas siguientes, aparecía Pepe Bolsillitos con una actividad relacionada con el cuento que los chicos  acababan de leer; cómo dibujar un conejo si el protagonista era ese animal,  unir los puntos para saber qué regalo habían dejado los Reyes Magos, fabricarle una cuna a Pulgarcita con un corcho, decir la hora marcada en diferentes relojes, resolver un crucigrama con forma del pantalón del protagonista, pintar un dibujo, hacer una banderita, buscar personajes escondidos…
Pepe Bolsillitos no apareció en el número 65 Mi calle, escrito e ilustrado por Nora. No tenía lugar para estar ya que se trata del primer Bolsillito desplegable. Las ocho páginas desplegadas miden casi 80 cm. y forman una sola ilustración de una calle de barrio, de esquina a esquina, que continúa una cuadra más al dar vuelta el libro. El cuento relata las peripecias de una nena desde que sale de su casa rumbo a la escuela, a la que nunca llega  a causa de todas las tentaciones que encuentra en el camino. Recordemos: nada de moralejas, la lectura debe ser un placer.




El segundo desplegable, también de Nora, es el número 68 Mi tren: la locomotora a vapor, el vagón para el carbón, el furgón en donde viaja el perro del niño protagonista y  dos vagones de pasajeros de un lado; un vagón más, el coche comedor y el coche dormitorio, del otro. El cuento, obviamente, relata un viaje en tren.




En el número 74 Ropitas y figuritas, de Noñé y Alberto del Castillo, Pepe Bolsillitos se muda de la contratapa a la tapa y también aparece en el interior proponiéndoles a los chicos lo siguiente:





A continuación hay seis páginas, con cuatro figuritas cada una, con los personajes de Bolsilltos y las prendas que usan,  y seis con poemas en el reverso de las mismas. Los nombres de las prendas están escritos en rojo.
En la última página reaparece Pepe con un consejo:




Lo más interesante del discurso de Pepe Bolsillitos está en el punto 4°. ¿Realmente los chicos habrán llevado las figuritas a la escuela? ¿Alguno se habrá animado a pedirle a la maestra permiso para pegarlas en el cuaderno de clase?
En los números 75 y 78 Pepe vuelve a desaparecer para dar lugar a dos nuevos desplegables, diferentes a los anteriores porque, además, son troquelados. Se trata de La ronda de las chiquitas y La ronda de los chiquitos, ambos con versos de Inés, el de las nenas ilustrado por Agi y el de los nenes por Susi. De un lado del desplegable quedan ocho chicos tomados de la mano; las nenas están  vestidas con ropas típicas de distintos países en tanto que los nenes llevan ropa de diferentes oficios o profesiones.  Del reverso se los ve de espaldas y tienen la estrofa correspondiente escrita sobre la ropa, por ejemplo:











    




Más adelante hablaremos de la incorrección política de los  Bolsillitos.





Un Bolsillito muy similar al 74 es el 82 Animalitos y figuritas. Al igual que en el otro hay figuritas para recortar y pequeños poemas. Pepe Bolsillitos da los mismos consejos, pero esta vez aclara a los chicos por qué deben guardar las tapas del librito: “si no, dentro de mucho tiempo, creerán que nos salteamos un número de la Biblioteca Bolsillitos”. No lo creo, Pepe, tengo ante mis ojos los dos libritos completos. Al menos, uno de los muchos lectores no siguió tu consejo de recortar las figuritas. 
La imagen de Pepe en los Bolsillitos 74 y 82 es diferente: es más esbelto y con más cara de pícaro. El cambio se debe a que el dibujante fue Alberto Breccia.




Hay que agregar a esta serie el 111 Alegre Alfabeto, de SiroB y Susi, que también consiste en figuritas para recortar, una para cada letra, y un texto en verso al dorso. Como vimos en el capítulo anterior, este Bolsillito es una reedición de un título de “La ventanita”, publicado varios años antes.



El número 83 Vengan a pintar no es, en realidad, un librito para pintar sino para aprender a dibujar distintos animales y objetos a partir de formas simples. Su autora es Nora. El primer libro realmente para pintar es el 19  Animalitos para pintar de Inés y Ton. Más adelante, saldrán varios más.




La serie de Gauchito y Chancletita, que comienza en el número 62 que lleva ese mismo título, tenía textos en cursiva con pictogramas, es decir, pequeños dibujos que reemplazaban una palabra. Los cuentos son de Sánchez Puyol y las ilustraciones de Breccia. Los pictogramas también aparecieron en otros Bolsillitos.




Pero el boom de los Bolsilltos especiales  tuvo lugar  en octubre de 1953: La familia Felita, de Inés y Breccia, el primer “Bolsillito con sorpresas”. ¡Un libro lleno de ventanitas para abrir y cerrar! Recuerdo que me encantaban.  En la contratapa, el infaltable consejo de Pepe. “Acá tengo una sorpresa para ustedes. Abran el cajón cortando con cuidado por las dos líneas rojas  y …¡Fíjense!”. En mi caso, el encargado de abrir con cuidado las solapas era mi papá, con la famosa hojita de afeitar “Gillette”.




 El número siguiente, el 87 ¿Dónde está mi perrito? de Nora, también es con sorpresas. Luego tuvimos que esperar hasta el 94 ¡Feliz Navidad! , de Inés y Breccia para tener más sorpresas. Pero valió la pena. La última ventana muestra a los chicos dormidos y la última puerta a Santa Claus que se marcha saludándonos y diciendo “¡Hasta el año que viene!”




El número anterior, el  93 Muchas felicidades consiste en  tres tarjetas de felicitación para recortar y enviar en Navidad, Año Nuevo Y Reyes. La ilustradora es Chikie. En la penúltima página hay una mini tarjeta y mini figuritas para recortar y pegar en  los sobres de las tarjetas de tamaño normal. Y la última trae un sobre para la tarjeta pequeña y las instrucciones para armarlo. Este Bolsillito también lo tengo completo, pero debo aclarar que los conseguí de grande, ya que de niña pintaba todo lo que había que pintar y recortaba todo lo que había que recortar. Como debe ser.




El 96 Los Reyes Magos, de Nora,  también es con sorpresas
Y así terminan los Bolsillitos de 1953, con un despliegue de creatividad  inmensa por parte de autores e ilustradores.
En 1954 comienzan las aventuras de Osito, Muñequita y Trapito, gracias a Susi y a Agi. Y entonces aparecen tres Bolsillitos que forman un teatro para armar, con todos sus escenarios y personajes: el número 104 Osito en el África, el 105 Muñequita en la China y el 107 Trapito en Arabia.




De ese mismo año es el primer desplegable vertical. ¿Qué puede ser más vertical que un edificio de departamentos? Pero no es un edificio aunque tiene muchas casas, es un árbol donde viven diferentes animalitos; número 113 Pepe P. Pino, de Noñé y Breccia.
El segundo vertical sí que es una casa de departamentos, el número 115 Mi casa, de Nora.





Más Bolsillitos con sorpresas: el 123 El tío Paco, de Nora y el 126 El castillo encantado, una suerte de cuentito de terror, de Susi y Chikie. Pero es un terror “light”, que no asusta a nadie.




Vuelven los desplegables horizontales y troquelados con el número 155 La ronda del Carnaval, de Papá Noel y Chikie. La misma fórmula de antes: chicos disfrazados y poemas alusivos




El último desplegable, horizontal y troquelado es el 159 En la calesita del viejito Horacio, de febrero de 1955. De un lado los dibujos de Agi de niños en diferentes animales y vehículos de la calesita; del otro el hermoso poema de Vicente Barbieri. En el borde de la calesita, un mensaje a los lectores; “Chicos, si quieren hacer de este librito una verdadera calesita de juguete, despliéguenlo y párenlo sobre la mesa formando un círculo.”




En total son ocho desplegables, en cambio los libritos con sorpresa son muchos más, aunque varía el tipo de sorpresa, como veremos pronto.
En el número 134 Pepe Bolsillitos da el gran salto convirtiéndose  en protagonista de su primer cuento El librito de Pepe Bolsillitos, de Inés y Csecs, quien le da al personaje el aspecto definitivo que recuerdan los lectores. Y en otro de sus cuentos, el 174 Pepe en el jardín zoológico, aparece otra novedad: un mini librito - la cuarta parte de un Bolsillito- pegado en la tapa. En este caso, se trata de un desplegable sin texto, con dibujos de los animales del zoológico




. Pero ya es un verdadero librito de seis páginas en el 177 Periquita presenta a.. ¡Fifí! (esta última palabra está en el mini librito pues es el título del mismo). Un dato curioso: este Bolsillito es la única historieta de la colección.




Otro cuentito más largo aparece en el 179 Escamita y el pescador, de Inés y Ruth. Pero pronto ya no es un mini cuento sino otra cosa. En el número 180 El armario de las Caperucitas, de Papá Noel y Ruth, es un armario que se abre y muestra la ropa de las Caperucitas, en sus cuatro colores.




 En el 184 Campanín el del jardín, de Inés y Agi, es una mariposa gigante, en el 189 ¿Qué hacemos con la heladera?, de Marta y Agi, es una heladera llena de víveres





 y en el 195 Las Caperucitas en 1956 es el almanaque de ese año. Solo apareció uno más así, en febrero de 1956, el número 203 La huerta de las Caperucitas donde el objeto es una gran cesta que, al abrirla, muestra toda clase de hortalizas.
Dos de los últimos Bolsillitos especiales de esta década tienen que ver con el carnaval. El 252 ¡Todos a disfrazarse!, de Nora y Chikie, trae en sus páginas centrales la imagen de la parejita protagonista y varios disfraces para vestirlos. 




El 353 Cristina y Cristóbal se disfrazan, también de Nora, pero ilustrado por Csecs, es distinto. Los chicos, con diferentes disfraces, están en los bordes de las páginas, separados del texto del cuento por una línea punteada. La propuesta de Pepe Bolsillitos es recortarlos por la línea para obtener ocho cartas con cuatro parejas de disfrazados  y poder jugar. Las cartas son dobles, es decir con una figura de cada lado, excepto las de la tapa y la contratapa que están solas y que tendrán la función de “comodín”. Se trata de jugar de a dos a formar parejas de niños disfrazados




En el 365 ¡Se escapó un elefante!, de Nora y Ruth, la página central trae dos rompecabezas para recortar y armar. 

El último Bolsillito con sorpresas de los años cincuenta es el 393 ¡Qué verduritas!, de Susi y Agi. En su página central hay figuritas de verduras para recortar e insertar  en ranuras de la “tierra”, otro de los recortables, a distintas profundidades según el gusto del quintero.




El Universo Bolsillitos

En el mercado de libros usados, se consiguen más fácilmente los libritos más viejos en tanto que los más nuevos son difíciles de encontrar: parece una paradoja, pero no es así ya que  está relacionado con la cantidad de ejemplares de cada tirada. En los primeros años, según testimonios del propio Boris, se llegaron a vender 110.000 por semana.  ¿Cuántos se vendían en 1976?
En el Boletín Oficial pude constatar que, los Bolsillitos de 1952 tenían tiradas de  85.000 ejemplares e incluso volvían a reeditarse meses después. En 1968, en cambio, las tiradas eran de 20.000; por lo tanto supongo que en la década del 70 la cifra debió descender aún más.
En la época de mayor éxito de los Bolsillitos había un programa de radio que dramatizaba las aventuras de los principales personajes: Gatito, Pepe Bolsillitos, Osito, Pinocho y Pinochita.  La primera emisión fue el 2 de mayo de 1956, como lo atestigua la contratapa del Bolsillito N°213.



Ahora bien, en Gatito de junio de 1956, como ya vimos, está la publicidad de “Audición Gatito”, en la misma radio y al mismo horario. No sé si el programa de Gatito reemplazó al de Bolsillitos o si se alternaban.
 Los Bolsillitos se vendían en los kioscos y en algunas librerías de artículos escolares, pero posiblemente también en otros lugares. Una lectora de Montevideo recuerda que se los compraban a un vendedor ambulante dentro de un colectivo y que los vendía de a tres o cuatro juntos. Tal vez haya existido algo así en Buenos Aires.
Las  “Selecciones de Bolsillitos" eran antologías formadas por cuatro Bolsillitos, ya publicados en forma individual,  con el mismo tema o los mismos personajes. Esta modalidad de venta la retomaría después Boris con las colecciones del CEAL, vendiendo diferentes antologías de “Los cuentos de Polidoro” y “Los cuentos del Chiribitil”. Se vendían en kioscos y en librerías. Una lectora de Bariloche tiene una de estas antologías que le regalaron, como premio, en la escuela donde cursaba la primaria.




Los títulos de  Selecciones que conozco – no sé si habrá más- aparecidos en 1955 y 1956,  son los siguientes:



A partir de 1958 empezaron a salir en Brasil, traducidos al portugués, con el nombre de "Historinhas semanais". Salieron 304 títulos, los últimos en 1964. Eran exactamente los mismos libritos con algunas diferencias: las páginas estaban numeradas y el nombre del autor, en vez de figurar en la tapa, estaba al final, junto al del ilustrador. Se publicaron en forma desordenada; los más viejos son de tapas a cuadritos, pero, a partir de 1960,  alternaban las tapas a cuadritos con las lisas puesto que, si publicaban un librito de la década anterior, mantenían el diseño de su tapa’ aunque, a veces, les cambiaban el color. 




Las Historinhas tuvieron algo que nunca tuvieron los Bolsillitos: “O Tesouro de Historinhas”.  Se trataba de tapas para encuadernar varios libritos con un sistema similar al que usaba Códex para  “Selecciones escolares” o “Enciclopedia Estudiantil”: hilos de nylon sujetos a las tapas por las cuales se pasaban las revistas o fascículos.

Cada tanto venían dentro de los Bolsillitos unas figuritas de los personajes que, al dorso, eran como una tarjeta postal. Se llamaban “Galería de Bolsillitos”. 







A veces, las figuritas eran para promocionar otra publicación de Abril, la “Colección 2, 3 y 4”.




También la misma Biblioteca Bolsillitos, en los últimos años de los '50,  era promocionada de esta manera en "2, 3 y 4":




La Biblioteca Bolsillitos intentó abarcar todos los aspectos lúdicos de la infancia. Aunque la gran mayoría eran cuentos, hubo muchos con poemas y canciones de ronda, para pintar, para recortar, para armar cosas.




Esto se completó con la aparición mensual de los suplementos de juegos ideados por Boris: “Los juegos de Bolsillitos”. Eran anunciados en las contratapas por Pepe Bolsillitos y venían en sobres rectangulares de papel grueso que medían 23 cm por 28 cm. Parecían Bolsillitos gigantes pues tenían el mismo diseño cuadriculado con un gran dibujo a todo color. En el dorso, estaban las instrucciones del juego. El primero es “El dominó de Donald”.




Comenzaron a salir en octubre de 1954. Se trataba de juegos de dominó, ludo, lotería, oca, rompecabezas, juegos de carrera, de preguntas y respuestas…Algunos con personajes de Disney: Donald, Mickey, pero la mayoría con personajes de los Bolsillitos: Gatito, el rey Panza, el ogro Rompococo, Tilín, Berilín, Inosito, Pepe Bolsillitos, Los Negritos, Osito, Pinochita…


Cartones de "La lotería de Pepe Bolsillitos"

El último que vi es el número 32 “Los oficios de Rompococo”, de julio de 1957. En él se anuncia el próximo, “Pinochita pregunta”, pero no sé si habrá salido  porque no está la publicidad en ninguna contratapa de los Bolsillitos de esa época.
Se vendían en kioscos, librerías y jugueterías, como lo atestigua Pepe Bolsillitos.


Al año siguiente, parece que se intentó hacer algo similar. El 17 de noviembre de 1958 aparece otro suplemento, sin número, "Las laminitas de Caperucita"


Se trata de un número especial de los suplementos de juegos. Trae las láminas para decorar la habitación y una obrita de teatro con el escenario y los personajes.
Como podemos apreciar, era todo un mundo: los Bolsillitos que se completaban con otras lecturas, como Colección Gatito en donde salían los mismos personajes, un programa diario en la radio, un juego mensual con los personajes de los cuentos y las selecciones temáticas donde cada lector podía atesorar los cuentos de sus personajes preferidos. Y aunque en los cuentos y en los juegos seguían apareciendo, cada vez con menos frecuencia, personajes de Disney, las aventuras radiales eran exclusivamente de los personajes de los Bolsillitos.
No lo leí ni me lo contaron, fui una niña en los ‘50.


Personajes en serie

            Si bien a los chicos nos encantaban los Bolsillitos especiales que nos proponían algo diferente, nuestros preferidos eran los de algún personaje en especial ya que muchos de ellos tenían toda una serie de cuentos.


Bolsillitos Disney

            Empiezo por estos para respetar el orden cronológico de aparición. No son los mejores, ya que son adaptaciones de cortos de animación o largometrajes. Cuando no son adaptaciones de películas, son traducciones o cuentos originales con un personaje ajeno, donde el nombre del verdadero autor está enmascarado bajo el rótulo de “adaptación”. El ilustrador no existe ni como adaptador, pero ya mencioné que era Luis Destuet.
            Es comprensible que estuvieran estos personajes debido a la época, cuando el imperio Disney estaba en su apogeo. Y recordemos que Civita estuvo mucho tiempo en Estados Unidos y tenía la licencia para utilizar los personajes.  De todas formas, su presencia en los Bolsillitos, muy fuerte al principio, va declinando hasta terminar por desaparecer. En las Historinhas, en cambio, el porcentaje de cuentos de Disney  es mucho más importante: casi el 20 % de los títulos publicados.




            Además, a los chicos de los ‘50 les encantaban los personajes de Disney. A mí también, pero Disney dejó de gustarme de adulta, cuando empecé a estudiar los cuentos maravillosos y me di cuenta de los desastres que había hecho con ellos. Pero reconozco que fue una persona muy inteligente, con ideas inagotables, que supo crear un imperio de la nada.
             Casi todos los Bolsillitos Disney pertenecen a la serie “El pato Donald”, aunque algunos, los más antiguos, son de “Mis cuentos” o “Mis amigos”. Los más numerosos son las aventuras de Donald y sus sobrinos, por ejemplo Los sobrinos de Donald (69), Donald cuida un perrito (275); de Pluto: Pluto es un caballero (273); de Mickey: Mickey y el gorila (259): del Lobo feroz y su hijo Lobito: El lobito contra el lobo (280).
Todos los personajes importantes de Disney tienen algún cuento: Tambor el conejito (28), Dumbo y Paquita (289), Picarón (358), Pi y Olín (439). Hay adaptaciones de cortos cinematográficos: Bongo (59), Pedro y el lobo (305), Manni el burrito (418), Mickey y el gigante (31), Pablo el pingüino (92), y de largometrajes: Bambi (5), Blanca Nieves (16), Damita y el vagabundo (228).
            Como mencioné más arriba, no aparece el nombre del ilustrador, pero sí del adaptador. En los primeros títulos es siempre Noñé, después aparecen Edith, Nora, Ditti, Marta y Beatriz.
            Tengo mi preferido de la serie de Disney: Los cantitos de Doña Gansa (114) adaptado por Noñé. Se trata de traducciones de nursery rhymes. Así Jack y Jill se transforman en Pepín Barranquita, interpretado por Mickey, y Pepita Enagua, por Minnie; la vieja que vivía en un zapato se llama Doña Pelagatos y sus numerosos hijos son todos los personajes infantiles de Disney; los cocineritos de “Pat- a- cake” son los sobrinos y los pájaros encerrados en el pastel que hornea el cocinero Goofy no son mirlos sino cuervos que asustan a la reina Minnie y al rey Antojo Antojito. Finalmente, Bo Peep, la pastorcita cuyas ovejas perdieron las colas, también es Minnie y se llama Mariquita Quitasol. Los cambios de nombres están hechos para conservar la rima y, aunque difieren bastante de los poemas originales, están muy bien escritos.





Inosito

            Dejando de lado los personajes de Disney, el primero autóctono fue Inosito, creado por Inés Malinow haciendo una síntesis entre su nombre y el del animal (Inesita + osito: Inosito). En sus primeros cuentos lo dibujó Alberto del Castillo, pero después pasó a ser reponsabilidad de Hugo Csecs.





            Hay  varios cuentos de este personaje: Inosito (número 7), Inosito va a la escuela (57), Las vacaciones de Inosito (99), N de nueces (212),  pero, como era parte de la pandilla de Gatito también aparece en los cuentos de este personaje y, más adelante, en algunos de Pepe Bolsillitos. Como vimos en el capítulo anterior, también aparecía en otras publicaciones de Abril, especialmente en “Gatito”. Pero no le alcanzó.



Cuento de la colección "Cuentos de Abril", publicado en marzo de 1958

 Al abandonar los Bolsillitos, buscó nuevos rumbos y apareció, por ejemplo, en  ¡Buena suerte, Inosito!, de Editorial Plus Ultra (1979), Claro que, para los lectores de Bolsillitos, las imágenes del personaje de ese cuento, no se corresponden con “nuestro Inosito”.




            También hay unos libritos, de tamaño similar a los Bolsillitos, pertenecientes a la colección “Cuentos de Inosito”. Sólo conseguí el número 1, es un librito de doble entrada con dos cuentos de Inés, ilustrados por Chacha: El ratoncito mueblero y El gatito cuentero. Es de Editorial Rauch y no tiene fecha. Lo único que lo diferencia de los Bolsillitos son las ilustraciones, que son a cuatro colores. De hecho, lo compré dentro de un lote de Bolsillitos.






Cucucito

            También es un personaje de Inés y está dibujado por Agi Tiene sólo dos cuentos, pero es un personaje muy querible.  Sus Bolsillitos son el 46 Cucucito y el 116 El misterio de Cucucito. Este último tiene algunas páginas con cuadritos de historieta.




Gauchito y Chancletita

            Son dos hermanitos muy criollos que viven en un rancho. Sus historias las escribía Sánchez Puyol y los dibujos eran de Breccia y, como ya vimos, había pictogramas en el texto. Tienen dos  Bolsillitos: Gauchito y Chancletita (62) y
¡Paliza para el zorro! (84)




            Pero, además, “trabajaban” en la revista “Gatito”, en las historietas y cuentos que acompañaban la historia principal.


Los dos Negritos: Dominguita y Pantaleón

            Esta otra pareja de hermanos tuvo mayor éxito. Aparecieron en doce cuentos a lo largo de cuatro años. Tuvieron dos autoras diferentes y tres ilustradores.
            Los cinco primeros números los escribió Noñé y el resto, Marta (Giménez Pastor). Los cuatro primeros los ilustró Breccia, los dos que les siguen, Chikie y el resto, Agi
            Los dibujados por Breccia son: La granja de los Negritos (66), Pelito Blanco (88), ¡Año Nuevo! (95) y El hada Azulina (98) y fueron publicados entre junio de 1953 y enero de 1954.




            Ahora bien, en esa época, no era políticamente incorrecto llamar así a los nativos africanos o a sus descendientes. El término “negrito” no era ofensivo, me animo a decir que hasta era cariñoso. Había cuentos de otras editoriales que también usaron esa palabra, por ejemplo La ronda de los diez negritos de Editorial Atlántida, que es bastante posterior, de 1975.
            No hay una desvalorización de los personajes. Por el contrario, Dominguita y Pantaleón son simpáticos, trabajadores e inteligentes.
            Tal vez las ilustraciones de Breccia puedan causar rechazo. Los Negritos son bien negros, sus bocas son grandes y rojas; su madre, Doña Espumosa también tiene esas características y, además, es muy gorda. Pero me parece que sería injusto acusar a Breccia de racista dado que todos sus personajes en los Bolsillitos tienen ese aire caricaturesco, incluso los animales. A lo sumo, se puede decir que las ilustraciones y el apodo de “negritos” son políticamente incorrectos, término que, en esa época, no se usaba.




            Creo que hay que situar toda obra literaria en su contexto. Es cierto que hoy en día esas cosas no serían aceptables, pero también es cierto que esa idea de lo políticamente correcto causó mucho daño a la literatura infantil como veremos enseguida al hablar de los cuentos clásicos.
            Volviendo a las ilustraciones de la serie de Dominguita y Pantaleón: el número 142 La granja pasa de grado es el último escrito por Noñé y el primero ilustrado por Chikie, que ilustró también el siguiente, el 163 Los Negritos detectives, el primero de los escritos por Marta.
            Los dibujos de los personajes son muy diferentes. Por empezar el color: no son negros sino marrones, la boca es de tamaño normal y las caritas son redonditas y lindas, como en todos los personajes infantiles de Chikie. Si alguien está tentado de pensar que tal vez Breccia fue apartado de su tarea de dibujante porque no gustaban sus dibujos de negritos, les aseguro que no fue así porque este dibujante ya no participaba en los Bolsillitos en ese entonces, noviembre de 1954.




            Los últimos seis Bolsillitos de esta serie son de Marta y Agi. Esta ilustradora también los dibujó con caras redondas y rasgos bien proporcionados, pero varió el color, los pintó de un marrón más oscuro un poco violáceo que, en los dos últimos libritos,  es más violeta que marrón.




            Creo que los chicos de esa época no veíamos en los Negritos de los Bolsillitos nada discriminatorio. A mí me encantaban, como me encantaba mi muñeca negra que era realmente tan negra como el carbón. Ahora, las muñecas multirraciales son marrones. Era otra época indudablemente.


Mis cuentos

            La serie azul, “Mis cuentos” consistía en adaptaciones de cuentos clásicos y de cuentos de Disney  metidos todos en la misma bolsa, por decirlo de un modo rápido y claro. Pero los voy a separar porque no tienen nada que ver.
            Cuando digo cuentos clásicos me refiero principalmente a  las obras de los cuatro  mayores autores de cuentos infantiles europeos; Charles Perrault, Jacob y Wilhem Grimm y Hans Christian Andersen.  Y los llamo autores porque, si bien retomaron los argumentos de los cuentos populares que rondaban oralmente por toda Europa, ellos les dieron una calidad  literaria que no tenían y los fijaron con su escritura, salvándolos así del olvido. En el caso especial de Andersen, fue  una creación propia, inspirándose en los cuentos populares, más que una versión culta de los mismos.
        No voy a hablar, por ejemplo, del Bolsillito Blanca Nieves  ya que no me interesa ver cómo lo adaptó Disney, sino qué se hacía con los cuentos clásicos en nuestro país.




            Creo que no existe en toda la historia de la literatura textos más cambiados, manoseados y arruinados que los cuentos clásicos. Italo Calvino da varias definiciones de lo que es un clásico. La que más me gusta es la siguiente:

            Los clásicos son libros que ejercen una influencia particular sea cuando se imponen como inolvidables, sea cuando se esconden en los pliegues de la memoria mimetizándose con el inconsciente colectivo o individual.[4]

            Los clásicos sobrepasan las barreras del tiempo y del espacio. Los cuentos de hadas, escritos en los siglos XVII, XVIII y XIX pero que recogen historias mucho más antiguas, llegaron a nosotros desde Europa y todavía siguen vivos. Creo que se merecen un poco más de respeto.
            Siempre se los censuró. Así como Perrault censuró ciertos rasgos de las versiones orales que le parecieron incorrectos para los nobles de la corte de Luis XIV, los hermanos Grimm censuraron algunos rasgos  de las versiones de Perrault que no les parecieron compatibles con la moralidad que querían imponerles a los niños alemanes del siglo XIX. Y hoy en día se censuran los finales trágicos de Andersen porque parece que a los niños no se les puede hablar de la muerte.
            Actualmente  hay dos posturas frente a los cuentos clásicos. Una, a la que adhiero,  es la que busca rescatar las versiones originales de los autores y relanzarlas con formato de libro-álbum dándoles nuevos sentidos con las ilustraciones. Un ejemplo es la ya “clásica” Cenicienta de Perrault, ilustrada por Roberto Innocenti.[5]
            La otra postura es la que los acusa de políticamente incorrectos, sin tener en cuenta el contexto en donde surgieron, y busca banalizarlos de todas las formas posibles. Hay una versión de El gato con botas de Perrault en la que el gato, no sólo no se come al ogro convertido en ratón sino que, al final del cuento, le pregunta si quiere ser su amigo y el ogro acepta serlo. Eso es una tremenda ridiculez y una falta de respeto no sólo a la obra sino también a la inteligencia de los chicos  pues ¿quién se va a creer que el ogro quiere ser amigo del gato que le robó su castillo y sus tierras?[6]
            Por suerte en los Bolsillitos no se llegó a ese extremo. Gatito con botas es el número 12; está  ilustrado por Csecs y muy bien adaptado por Sánchez Puyol. Aunque al principio lo cambia un poco al no hacer aparecer a los hermanos del joven protagonista, el final es como debe ser: el gato se come al ogro-ratón y engaña al rey y a la princesa para beneficiar a su amo. El gato con botas es un cuento de pícaros, si no es mentiroso y ladrón, ya no es el gato con botas, pierde su esencia. “Gatito” ya no es el mismo personaje, como veremos más adelante.[7]





            Otro de los cuentos de Perrault, que apareció antes, es La Cenicienta (3), de Inés y Teo. La película de Disney es de 1950, pero, por suerte, en los Bolsillitos se decidió publicar la versión de Inés. También está bien adaptada aunque cae en el mismo error de Disney al pintar a las hermanastras  como feas. Perrault no las describe así. Son caprichosas, desconsideradas, envidiosas, malas, pero no son feas ni maleducadas; son damas distinguidas de la alta burguesía francesa. Y tampoco entiendo por qué Inés no dice que el zapatito era de cristal (uno de los detalles más característico del cuento) y lo reemplaza por “brillante como una joya”. Pero son sólo detalles, su versión puede considerarse fiel al original.[8]



            La última de Perrault es La bella durmiente (32), de Noñé y Agi. También está bien adaptada, aunque no me gusta el detalle de que el príncipe logra pasar el bosque cortando las ramas de los árboles con su espada. En Perrault no es así; el bosque se abre mágicamente para dejarlo pasar y luego se vuelve a cerrar, porque él es el elegido. Durante su larga espera de cien años  la princesa estuvo soñando con el príncipe y no se despierta porque  la besa sino porque ya se cumplió el plazo. Lo mira a los ojos y le dice: “¿Por qué tardaste tanto?”



            Pero los detalles cambiados por Noñé no son nada comparados con los que cambió Disney en su película que, salió mucho después, en 1959, y es la peor versión de este cuento que se haya hecho jamás. En el próximo capítulo explicaré por qué.
También hay tres Bolsillitos con cuentos de los hermanos Grimm. El primero es Caperucita Roja (6), adaptado por Sánchez Puyol. En la tapa figura Perrault, pero es la versión de los Grimm. En la versión del autor francés el lobo se come a la abuela y a Caperucita y ahí termina el cuento. Tampoco la madre le da consejos antes de enviarla a casa de la abuela, simplemente la envía a cruzar el bosque. Caperucita no muere porque desobedeció a su madre, muere porque el bosque y el lobo son peligrosos, en un doble sentido, literal y metafórico. En principio fue un “cuento de advertencia”, destinado a los niños para evitar que frecuentasen lugares peligrosos como el bosque. Algo así como nuestros “Pombero”, “Hombre de la Bolsa” o gitanas que se roban a los niños que salen solos al campo o por las calles de  la ciudad. Luego el lobo, en sentido metafórico, pasó a ser el hombre desconocido a quien una niña no debe escuchar.[9]
            Las versiones orales de Caperucita existen sólo en Francia y el norte de Italia. Los hermanos Grimm lo escucharon de una narradora de origen francés que, muy probablemente, les contó la versión de Perrault. Los autores alemanes lo transformaron en un cuento maravilloso al introducir el personaje del cazador y darle un final feliz. El lobo también devora a ambas, pero el cazador le abre la panza y las salva. Además hay cambios destinados a lograr la obediencia de los niños. Acá sí la madre le da consejos a Caperucita, que la niña no sigue, y es su culpa que le pase lo que le pasó. Pero aprendió la lección porque el cuento no termina con la muerte del lobo. Hay un segundo viaje de Caperucita y un segundo lobo que trata de detenerla, pero ella no lo escucha y le cuenta a su abuela que la persigue. La abuela le pide a la niña que ponga el agua en que cocinó salchichas dentro de una gran batea, para que el lobo sienta el olor. El lobo se sube al techo, se estira para ver de dónde viene el tentador olor, cae en la batea y se ahoga.





            El Bolsillito sigue, entonces, la versión de los Grimm. La mamá le dice: “no te demores y no charles con desconocidos”. Pero el lobo no se come a la abuela, que se esconde debajo de la cama; ni mucho menos a Caperucita porque el cazador llega antes. Ni siquiera muere el lobo porque sólo recibe un palazo en la cabeza y huye “con las manos en la cola”… No entiendo la última frase, tendría que dolerle la cabeza. Tal vez al adaptador se le cruzó otro lobo corriendo por el bosque, el de Los tres chanchitos que cayó dentro de la olla de agua hirviendo y se quemó la cola…[10]




            El segundo cuento es Hansel y Gretel (22), adaptado por Noñé e ilustado por Agi. Sigue la versión de los Grimm: el padre y la madrastra los abandonan dos veces en el bosque, la bruja encierra a Hansel en una jaula para engordarlo y comérselo, Gretel la empuja dentro del horno y cierra la puerta. Pero, en el Bolsillito, el horno no está encendido por lo tanto la bruja no se muere. Tampoco los chicos le roban su tesoro, vuelven a su casa tan pobres como antes, Y la madrastra no está muerta, simplemente se fue.[11]




            En los Bolsillitos nadie  muere, ni siquiera los malos. Y el único que roba es el Gato con botas, hasta ahora…
            El último de Grimm es Los siete cabritos (39), también de Noñé y Agi. Los personajes son todos animales, no hay problema en que el lobo se coma a seis cabritos si después la mamá cabra los va a salvar abriéndole la panza y llenándosela de piedras. Pero, mientras el lobo de los Grimm va a beber agua al río, se cae en él por el peso de las piedras y se ahoga, el de los Bolsillitos sólo se hace vegetariano. La muerte no existe.




             Tampoco hay mucho para censurar en Los tres osos (hermosamente ilustrado por Alberto Breccia)  ya que en este cuento popular europeo  no hay muertes ni robos; sólo una niña curiosa y un poco maleducada que entra a una casa sin permiso, come un poco, rompe una silla y se acuesta en una cama que no es la suya. La “Rizos de Oro” de Bolsillitos actúa igual, hasta se escapa corriendo cuando se despierta y ve a los osos. Pero el Osito la persigue, la alcanza y …”la llevó de vuelta a su casa para convidarla con el caldo que había quedado en la olla”
            Se ve que para Noné todos los ositos tenían que ser unos tiernos, como los “cariñositos”. Pero a mí me gustan los osos feroces de la versión de León Tolstoi[12], que salen corriendo detrás de la niña amenazándola con grandes palos. Se lo merece, por atrevida y metiche.




            Quedan dos cuentos de Andersen. Uno es Pulgarcita (44) adaptado por Noñé y exquisitamente ilustrado por Susi. Si pienso en Pulgarcita, inmediatamente se me aparecen las imágenes de este Bolsillito. Tampoco tengo nada que criticarle a la adaptación. Este cuento es uno  los pocos de Andersen con final feliz, no había nada para censurar.



            No pasa lo mismo con el otro. La princesa y el porquerizo (36), un cuento poco conocido. El cuento de Andersen nos habla de una princesa superficial y caprichosa a la que le gustan las cosas materiales y novedosas. Para que se entienda, su hubiera vivido en nuestra época, tendría siempre el último modelo de celular. Un príncipe pobre se enamora de ella y le manda  sus dos tesoros más preciados: una rosa que florece una vez al año y que tiene un perfume maravilloso y un ruiseñor que canta mejor que cualquier otro pájaro. Pero la princesa tira la rosa cuando se da cuenta de que es natural y deja escapar al ruiseñor porque es un pájaro de verdad. Entonces el príncipe se saca su traje de príncipe y va al palacio del emperador, el  padre de la princesa, a pedir trabajo. Lo toman de porquerizo, pero parece que es una especie de inventor. Fabrica una olla que, cuando hierve,  canta una antigua canción que comienza “Yo pude ser casada, mas de amores moriré”, pero, además, si alguien introduce el dedo en el vapor, puede oler  qué comida se está cocinando en cada casa de la ciudad. Un día la princesa, paseando cerca del corral de los cerdos, escucha esa melodía y como es la única canción que sabe tocar, quiere comprar la olla. El precio que exige el porquerizo es que le dé diez besos. Al principio se niega, pero está tan antojada que al final acepta besarlo, escondiéndose detrás de sus damas de honor. La princesa y sus damas están muy felices con la olla, porque son todas muy chusmas y les encanta conocer qué comen los demás. Mientras tanto el príncipe  se pone a fabricar otra cosa: un juego de campanillas  que hace sonar todos los valses y escocesas del mundo. La princesa escucha la música y también quiere este instrumento, pero el precio ha subido a cien besos. También esta vez acepta, pero tiene la mala suerte de que el emperador la vea besando al porquerizo. Enfurecido, los echa a los dos. La princesa se pone a llorar, lamentando el no haberse casado con aquel príncipe que le había dado esos humildes regalos. El porquerizo se lava, se viste con sus hermosas ropas de príncipe, se presenta ante la princesa y le dice… “Ahora sé que mereces todo mi desprecio. Tú no acepaste a un príncipe honrado, no fueron tampoco de tu agrado ni la rosa ni el ruiseñor, pero si creíste que, para divertirte, podías besar al porquerizo; ¡Pues esto es lo que has salido ganando!”.  Y se va, dejándola abandonada para que pueda cantar aquello de “Yo bien pude ser casada, mas de amores moriré”.[13]
            La versión de los Bolsillitos cuenta los mismos hechos y, al final,  el príncipe le dice algo parecido y se marcha.... “Pero al volverse para mirar a la princesa vio que esta, sinceramente arrepentida, marchaba tras él”. Obviamewnte, entonces la perdona y e casa con ella.




            Resumiendo, los Bolsillitos dejan los cuentos clásicos más o menos como fueron escritos cuando no tratan temas que puedan perturbar la inocencia y los sentimientos de los niños, pero los despojan de los finales tristes o crueles, ya se trate de muertes o de abandonos.
            Me pregunto si los chicos de la época eran tan inocentes y ajenos a la crueldad y a la muerte. En 1956 una de mi tías y yo recogimos de la calle a una gatita porque cuatro o cinco chicos le estaban tirando piedras. También recuerdo que no era raro ver a un chico con una honda cazando pajaritos. ¿Los Bolsillitos muestran una infancia real o una idealizada?


Las estaciones del año

            Es una serie que inventé yo, ya van a ver por qué. Las estaciones del año son cuatro: Primavera, Verano, Otoño e Invierno. El Bolsillito numero 81 se llama Primavera y salió el 26 de agosto de 1953; el 106 Otoño es del 10 de marzo de 1954 y el 120 El Invierno el 22 de junio de 1954.




            El primero pertenece a la serie “Mis alegrías”, el segundo a “Mi escuelita” y el tercero a “Mis cuentos”. La confusión de las series originales anunciadas en las contratapas de los primeros números llega aquí a su punto culminante. Me pregunto si esta clasificación será por el color de las tapas…Primavera está bien que sea de tapas amarillas porque es de “Mis alegrías”, pero El Invierno también las tiene amarillas y, como pertenece a “Mis cuentos”, tendría que tenerlas azules. Otoño está bien que las tenga verdes, pero los de la serie “Mi escuelita” tenían algo que ver con la escuela…Es incomprensible lo mismo que el hecho de que no haya otro que se llame Verano. Porque no existe ni nunca existió. Tendría que haber salido en diciembre de 1953, o a fines de noviembre. No salió, ni antes ni después. Tengo todos los Bolsillitos del 1 al 400 y no hay ningún Verano.
            Pero falta lo peor. Ya vimos que las “Selecciones de Bolsillitos” eran temáticas. Sólo conseguí dos, en las contratapas figura la lista de los títulos publicados. En la del número 5, que es de octubre de 1956, dice que el número 7 es Los cuentos de las estaciones. Historias de la Primavera, el Verano, el Otoño y el Invierno.
            Tengo dos hipótesis. La primera es que alguien escribió el cuento del verano especialmente para las Selecciones porque se dieron cuenta de que no existía. La segunda, que me parece la más probable, es que esa lista de títulos publicados aparecida en el número 5 incluía también los por publicarse, o sea el 6, el 7 y el 8. En ningún momento se dice el número de edición, así que supongo que es la primera y, muy probablemente, la única. ¿Cómo puede ser que estuviera publicado el 7 cuando salió el 5? El otro número que tengo es el 3, de julio de 1955 y la lista llega solo hasta el 4. Pienso que los tres últimos eran los títulos que tenían planeado hacer  y que el 7 nunca salió porque le faltaba una estación.
            Este asunto de las tres estaciones y sus series es uno de los mayores enigmas de los Bolsillitos, pero no importa, les perdono todo, porque estos tres cuentos están entre los más lindos de la colección. Son de Inés y Agi.
            Especialmente Primavera. Retoma la antiquísima representación de la primavera como una mujer joven y hermosa, la Perséfone de los griegos o la Proserpina de los romanos. Pero esta Primavera no fue secuestrada por ningún dios subterráneo sino que duerme acurrucada en una valija del Señor Invierno. Y mientras este, ya viejo y cansado, toma una siesta, ella aprovecha para escaparse y salir al mundo. A su paso todo reverdece y florece, los pájaros cantan, las abejas se acercan a las flores y los chicos salen a jugar. Nada original, pueden pensar algunos, pero está muy bien escrito y las ilustraciones de Agi, con reminiscencias de la Primavera de Botticelli, son maravillosas. Las imágenes de esa  chica con  vestido verde transparente decorado con flores, que corre en puntas de pie y se mueve con la gracia de una bailarina de ballet, son inolvidables.


            Otoño duerme, también acurrucado, pero en las ramas de un árbol y llega, pisando despacito, después que se ha ido Verano…ahí está, en la ilustración, un viejito de barba blanca, sombrero de paja y bastón subiendo por un camino rosado…

                            ilustración de Verano que se va (al principio del cuento de Otoño)

            Otoño es como un duende travieso, con “un sombrero de punta color de herrumbre y zapatos que no hacen ruido”. Se dedica a pintar las hojas de los árboles de rojo, amarillo y marrón,  pincha la barriga de las nubes para que caiga una lluvia finita, sopla y hace volar las hojas y las polleras de las señoras y les pone la nariz roja a los chicos que van a la escuela. De noche baila en los jardines y arruga los pétalos de las flores, con una pluma les hace cosquillas a los enanitos, les quita el polvo de oro a las libélulas y la miel a las abejas, para que todo quede con gustito a dorado y a miel.


            
            El Invierno llega por sus propios medios, abriendo “las puertas del año”. Viste un traje de lana y en la cabeza lleva un gorro con un pompón blanco. Llama a su amigo “Granizo”, a su prima “Lluvia” y al “Viento” para que jueguen con él.  Los perros y los gatos pueden verlos y se acercan al fuego. El vendedor de helados guarda su carrito y saca la pequeña locomotora de los maníes. Los chicos toman sopa caliente mientras Invierno dibuja, con su aliento, barquitos y gatitos en los vidrios de las ventanas.



            Cuando las hojas de los árboles empiezan a brotar, se escapa por la ventanita del calendario que dice “20 de setiembre”. En su gorra, en vez del pompón blanco, lleva una flor.

            No me gusta que esta serie quede incompleta… como un homenaje a Inés, retomé sus personajes y escribí el cuento del verano, pero ya no está Agi para ilustrarlo…

22/06/2020...pero está mi hija, Evelyn Spalding, que tomó la posta y lo ilustró: 





           

Osito, Muñequita y Trapito

            No puedo pensar en los Bolsillitos sin pensar en estos personajes y creo que a muchos lectores de la colección les pasa lo mismo.



            La idea de los juguetes que hablan no es original ni novedosa, desde Pinocho a Toy Story pasando por Winnie Pooh, hay muchísimos cuentos de juguetes que actúan como personas. Pero es una idea que gusta a los lectores de todas las épocas. ¿Qué chico no deseó alguna vez que sus juguetes cobraran vida?   
            Boris decía de Susi que hablaba muy mal el castellano, pero que escribía cuentos muy lindos. No sé si tenía razón en lo primero, pero en lo segundo,  sí: Susi Hochstimm, a pesar de ser extranjera, escribía muy bien en castellano. Agi, su amiga, también extranjera radicada en Argentina por causa de la guerra europea igual que ella, ayudó a consolidar los personajes con sus hermosas ilustraciones.
            Ya vimos que los juguetes surgieron en 1947 en la colección “Yo soy”, pero el cuento referido a Muñequita, el primero en que salen los tres juntos, no es de Susi sino de Nora.
            En enero de 1954, casi siete años después, reaparecen en los Bolsilltos.
El primer cuento se llama como ellos Osito, Muñequita y Trapito (100). Salen otros juguetes como “Trencito” que los lleva de viaje y “Caballito” que va trotando detrás. Es un viaje nocturno porque “los juguetes sólo hablan de noche”, y también mágico  ya que Trencito sale volando por la ventana.
Osito se baja en África, donde un grupo de amigables “negritos” lo agasajan con toda clase de frutas y, al despedirse, el Gran Mago de la tribu le regala una nuez de coco encantada cuya leche no se acaba nunca. Muñequita se baja en China y es recibida por un grupo de no menos amigables chinitos y el rey Dragón le regala un farolito chino que alumbra siempre el buen camino. Finalmente, Trapito se baja en Arabia y se encuentra con un sultán aburrido. Como una nueva Scherezade, comienza a narrarle cuentos y el sultán queda tan agradecido que le deja elegir un regalo ente sus tres tesoros: un camello que habla, una lámpara maravillosa y una alfombra voladora. Trapito elige la lámpara y el genio que habita en ella los trae de vuelta justo cuando está aclarando. Sólo tienen  tiempo de decir “¡Qué lindo viaje!”  y se quedan callados.




Este cuento es el primero de la serie “Mi teatrito”. Narré el argumento para explicar lo que viene después, que mencioné antes, el teatro para armar.
El Bolsillito 102 ¡Aquí estamos! es el primero en traer las imágenes troqueladas, listas para recortar y las instrucciones para armar el teatrito. Están las imágenes en doble faz, de Osito, Muñequita, Trapito y Caballito, los muebles de su casa, incluida una jaula con un canario, el trencito que los lleva de viaje y  el modelo del telón de fondo en el cual se deben pegar las figuritas de los muebles.  Porque al teatro hay que armarlo con una caja de zapatos a la cual hay que hacerles ranuras para que entren los personajes. Para eso hay que hacer un soporte con dos tiras de cartón y una de cartulina en el medio que sobresalga un poco ya que en ese extremo hay que pegar la figura del personaje. No es una tarea sencilla para un niño y, obviamente, involucraba también a los padres.




El 104 Osito en África trae un  telón de fondo con la choza del Gran Mago y los siguientes personajes: el Gran Mago, tres negritos, un elefante, un cocodrilo y un monito. El 105 Muñequita en la China tiene una sala del palacio del rey Dragón como telón, con un biombo, un bonsái y varios farolitos, y sus personajes son: el dragón, y tres chinitos. Finalmente, en el 107 Trapito en Arabia, aparecen el palacio, el sultán, el genio de la lámpara, dos pajes, el camello que habla y, por supuesto, la lámpara maravillosa. Parece que no quedó lugar para la alfombra, pero se advierte a los chicos: “También poseía una alfombra voladora, que no está aquí...¡porque se voló!”




La creatividad de las autoras de esta serie es más maravillosa que la lámpara del sultán. Tal vez recibieron la ayuda de Boris, que era quien inventaba los juegos de los suplementos, o intervinieron más personas, no lo sé.  Tampoco sé, porque no lo recuerdo, si me armaron el teatrito cuando era chica, pero un día de estos, me animo y lo armo. Con fotocopias color, por supuesto.
Los siguientes Bolsillitos con estos personajes pertenecen a la serie “Mis juguetes”, excepto los dos últimos que son de “Mis sorpresas”. En total son veinticuatro cuentos.
El primero es el 139 Pepe el osito; en muy pocos Bolsillitos es nombrado así, con su nombre original de “Yo soy”, en la mayoría es simplemente Osito. En este cuento acaba de aprender a leer y eso le causa problemas porque hace todo lo que indican los carteles que va viendo.  Hay una crítica irónica al mundo de la publicidad que ofrece dentífricos de marca “Golgata” y “Kominos”.



 En el 141 El cumpleaños de Muñequita reaparecen los tres juntos. Parece que se cansaron de vivir sólo de noche y decidieron hablar y moverse también de día,  salir al mundo y vivir cada uno en  su propia casa. En este cuento Trapito y Osito visitan a Muñequita por su cumpleaños y, en el siguiente Osito y Muñequita van a la casa de Trapito. 




Es el número 152 y se llama Trapito y la lámpara maravillosa. Comienza cuando Trapito está ordenando el desván y encuentra la lámpara que le había regalado el sultán de Arabia. “¡Pero hacía tanto tiempo de eso que Trapito no se acordaba más de ella” A ver…hacía exactamente un año y un mes, pero, para los juguetes, debía de ser mucho tiempo. Posiblemente también para los chicos aunque  seguramente  se acordaban del viaje en el trencito. Al principio la historia es cómica porque Muñequita, que había llegado a la casa empapada por la lluvia, le pide al genio tanta ropa nueva que queda sofocada debajo de la pila de vestidos y zapatos. 




Y Osito, que es muy glotón, pide una mesa mágica que se llene de la comida que le pidan, pero quiere  tantas cosas que las golosinas se empiezan a desbordar de la mesa y no sabe cómo atajarlas. En el final, el tono cambia completamente. Trapito, que sube al desván con la lámpara, nota que el genio está triste y le pregunta por qué. La respuesta es que en Arabia, cuando no trabajaba, salía con sus amigos genios y que acá está muy solo porque es el único genio en el país. ¿Y cuál es el deseo de Trapito? Generosamente le pide que vuelva a Arabia y el genio, agradecido, le deja un anillo mágico  y le dice: “En caso de mucha urgencia gíralo hacia la izquierda y yo acudiré…” Lástima que Trapito nunca se vio en la necesidad de usarlo.
En el número 148 Los verdaderos Reyes Magos reaparece Caballito que ahora se llama “Huracán”. Carlitos, su dueño, está enfermo y tiene la ilusión de ver a los Reyes Magos. El caballito sale a buscarlos, pero no los encuentra. Entonces va a pedir ayuda a sus amigos quienes se disfrazan como los Reyes y van a visitar a Carlitos. La noche del 6 de enero, los Reyes dejan un regalo para Carlitos, más otros cuatro y una carta que dice: “Para Huracán, Trapito, Pepe y Muñequita que se olvidaron de dejar sus zapatos en la ventana. Los verdaderos reyes Magos”



En el número 171 El Osito compra un solcito, los tres amigos se mudan a la misma casa. Osito va a comprar pintura amarilla y un extraño vendedor le regala una mágica que, al principio, funciona bien, pero después les causa grandes problemas.


Luego Osito empieza a viajar por todo el mundo y los libritos llevan por título Osito en…Los lugares que visita son: Bolivia (186), Brasil (193), Suiza (198), Italia (206), Francia (219), Holanda 225), Australia (230), el Polo Norte (239), Japón (247), África (por tercera vez) (250), Egipto (262), Austria (266), Norteamérica (277) e Inglaterra (283). Generalmente .va solo, pero en algunos viajes invita a sus amigos. Muñequita lo acompaña a Italia y a Austria, y Trapito se les une en el viaje a Norteamérica.



En Osito en Austria la pareja de juguetes toma un coche y pide ir a un lugar típico. El cochero los lleva a una hostería en las afueras de Viena. Los juguetes quieren probar el café vienés, pero en ese lugar sólo sirven vino, así que toman vino  y “al poco rato, estuvieron alegres como todos”. Y, por estar tan “alegres” llegan a lugares  no planeados,  confunden la rueda gigante con el domo de San Esteban, y necesitan la ayuda del caballo del coche para poder llegar al hotel... Constancio Vigil nunca hubiera escrito algo así. Algunos Bolsillitos son realmente transgresores.




Esta serie de los viajes es fantástica porque con argumentos divertidos, enseñaba a los chicos los lugares  históricos, los monumentos, las costumbres, los trajes típicos de cada país.
Hay más cuentos, un par de ellos nuevamente con sorpresas que ahora consisten en detalles de algunas figuras que sobresalen del libro como una solapa: el cuello y la cabeza de un caballo y el brazo de un policía en Pepe y la moto (208) y el largo cuello de una jirafa y la hoja de una palmera en ¿Me perdonas Pepe? .donde Osito va, por segunda vez, a África.
Quedan tres de Trapito: Trapito pinta juguetes  (211)  un librito para pintar con versos de Beatriz, Trapito mago (234), cuya tapa tiene una galera con un orifico que sirve para mostrar, en el interior del cuento, escenas como Muñequita partida en dos u Osito sin cabeza, y Trapito busca trabajo (271).




Y mucho tiempo después, el número 380 Osito y el quitamanchas. Al igual que la pintura de la otra historia, este quitamanchas tiene algo mágico que hace que las cosas desparezcan: un diario, un buzón, un paraguas, las ruedas  de un auto, un globo y hasta la misma puerta de la ferretería en donde lo compró. Todos están muy enojados con Osito hasta que un hada viene en su ayuda, pero necesita la colaboración de los lectores que deben recortar las imágenes de la página central y pegarlas en su lugar.
Y el último de todos, casi al final de la década, el 389 Osito en el Día de la Madre, cuyas páginas centrales traen una tarjeta para armar y regalarle a mamá.



Esta serie comenzó en enero de 1954 y terminó en octubre de 1959. Lamentablemente.


Escamita

Es otra serie de Inés, ilustrada por Ruth. Tiene sólo tres títulos: el número 121 Escamita la Sirenita, el 179 Escamita y el pescador y el 183 Escamita y el viejo pulpo.




            El 179, como ya vimos, trae un mini librito pegado en la tapa que narra la vida cotidiana de esta sirenita.
            Las imágenes de Ruth enriquecen el texto, el palacio de Neptuno y el largavista de peces que sube hasta la superficie del agua para que el rey conozca la luna son muy sugestivas. El ser humano amigo de Escamita no es un príncipe sino un humilde pescador.




Panchita

            Nora Smolensky era una artista integral, como ya vimos al hablar de los primeros desplegables. La serie de Panchita está escrita e ilustrada por ella.
Son cuatro títulos, todos de 1954: Panchita y su gato (128), Panchita va a la plaza (130), Panchita va de compras (135) y Panchita va de viaje (144) En todos sale con su gatito “Picaflor” que encuentra en el primer cuento.




            En el tercero, la mamá le da un peso a Panchita para que compre algunas cosas. Panchita las consigue  gratis porque Picaflor siempre hace travesuras y las cosas llegan a la bolsa de Panchita, que no dice nada y sale de los negocios sin pagar las mercaderías. Su mamá se pone contenta porque no olvidó nada de lo que le pidió y le da otro peso como recompensa para que se compre un helado. Panchita así lo hace y, con el peso que le había dado primero, le compra a Picaflor tres vasos de leche. Otro ejemplo de un Bolsillito  políticamente incorrecto.





El organito mágico

            Es una serie de 1955 con sólo tres títulos: Domingo, el mago organillero (158); El panqueque de Gabriel (161) y Amapola (164). Domingo es un mago que tiene dos ayudantes: el monito Gabriel y el papagayo Peco. Su organito es mágico y los lleva volando a cualquier lugar del mundo; al escuchar su música todas las personas se olvidan de sus preocupaciones y vuelven a ser felices. Nunca visita dos veces el mismo lugar, pero todos lo conocen porque oyeron hablar de él.




            La ilustradora es Agi y la autora Beatriz. No estoy segura de que esta Beatriz sea Beatriz Ferro ya que estos tres salieron hasta mayo de 1955 y el resto de los firmados por Beatriz son a partir de marzo de 1957, casi dos años después. Puede que sean de ella y que, al principio, colaborara esporádicamente, pero no puedo asegurarlo.



Poemas y canciones

            Si bien la gran mayoría de los Bolsillitos son cuentos, también hay lugar para la poesía.
            Ya vimos que los que traían figuritas para recortar tenían un texto en verso detrás, y que los desplegables troquelados tenían al dorso pequeños poemas escritos por los mismos autores de Bolsillitos. También que  Los cantitos de Doña Gansa son traducciones libres, hechas por Noñé, de algunas “nursery rhymes” y que En la calesita del viejo Horacio el texto es un poema de Vicente Barbieri.
            Pero hay más: Los chiquitos dicen versos (137) una antología de hermosos poemas infantiles muy famosos en esa época. En este Bolsillito podemos leer: “La loba, la loba” de Juana de Ibarbourou,  “El sapito glo-glo-glo” de José Sebastián Tallón,




 “El hornero” de Leopoldo Lugones, “La tijera de mamá” de Germán Berdiales, “Los pollitos “de Germán Silva Valdés, “Canción infantil” de Rafael Obligado y “La muñeca”, la famosa canción de ronda. Está ilustrado por Chikie y pertenece a la serie “Mis versitos”, al igual de los dos siguientes con versos de un solo poeta.



            Uno de ellos es Gallito travieso (168), ilustrado por Agi, que trae siete poemas de Roque Nosetto: “Gallito travieso”, “Luna juguetona”, “En el campo”, “Calesita”, “Carbón”, “Pio, pío, pío” y “La granja de Juanito”. 




El otro es Versos de Bolsillitos (172),  también ilustrado por Agi, donde hay cuatro poemas de Germán Berdiales: “Ronda del zapatero”, “Ronda del pan”, “Cu.cú, canción de ranitas” y “Coplas de cuna para un negrito”.






            El número 54 Arroz con leche de Inés, ilustrado por Salva, es una “historia con cantitos”. En efecto, en medio del cuento aparecen las letras y las partituras de conocidas rondas infantiles:”Arroz con leche”, “En el Puente de Aviñón”, “Mantantirulirulá”,  “La torre en guardia”, “Mambrú”, “Estaba la paloma blanca” y “Juguemos en el bosque”. Pertenece a la serie “Mis juegos”
            Más adelante, aparece la serie “Mis cantitos” que tiene un cartelito dibujado en la tapa con la leyenda “Bolsillitos para contar y cantar”. Solo aparecieron dos En alta mar (108) y Mambrú se fue a la guerra (132)




            “En alta mar” era una canción muy popular en esa época, es muy narrativa y desarrolla la historia de un marinero. El cuento hace una prosificación de la misma agregando más detalles  como el nombre y la nacionalidad del marinero: Olaf, marinero sueco. En las páginas centrales está la letra completa y la partitura.




 En ningún lado figura el nombre de la persona que escribió el cuento ya que en la tapa figura René Briand, que es el autor de la canción y, al final sólo el de la ilustradora que es Chikie. René Briand era un músico de la época que tenía una orquesta; su composición más famosa es la “Marcha oficial de Boca Juniors”.
            El de Mambrú es de Nora, también ilustrado por Chikie. Al igual que el anterior, se narra el argumento de la canción en forma de cuento y en el medio figuran la letra y la partitura. Pero además tiene un detalle especial: la esposa de Mambrú  y un cuervo cantan algunos fragmentos escritos en globos de historietas. Por ejemplo, la dama canta “Vendrá para Año Nuevo, chiribín, chiribín, chin,chin” y el cuervo, posado en la ventana del castillo,  la imita burlonamente: “Vendrá para Año Nuevo o para Navidad. ¡Ja, ja. ja! ¡Ja, ja, ja! O para Navidad”.



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Las cuatro Caperucitas

            Es otra de las series más exitosa de la primera época. Por desgracia, hay un enigma con respecto a su autor que aún no pude resolver.
            De los diez Bolsillitos de la serie hay nueve firmados por “Papá Noel”:Las cuatro Caperucitas (138), Las Caperucitas y Don Lobodón (140), Las Caperucitas y Don Colorinche (157), La fábrica de la lluvia (165), Remedio para el enfermo (170), El armario de las Caperucitas (180), El Día de Mamá (185), Las Caperucitas en 1956 (195) y La huerta de las Caperucitas (203).



Pero he aquí que otro libro de la serie, La serenata de las Caperucitas (151), lleva la firma de Inés. En medio de todos los Papás Noeles aparece Inés…



            ¿Es Papá Noel un seudónimo de Inés? A veces me parece que sí, por algunas semejanzas de estilo entre estos cuentos y otros de ella, pero no podría asegurarlo. Papá Noel también escribió algunos de la serie “Gatito” que generalmente firmaba SiroB. ¿Será Boris el misterioso Papá Noel? Tal vez, pero Inés también participó en esa serie…
            La ilustradora de todos los cuentos de las Caperucitas es Ruth, eso está fuera de duda.
            Las Caperucitas son cuatro hermanitas, aparentemente cuatrillizas porque son igualitas, que llegan al bosque anunciando que son “las nuevas Caperucitas”. Se llaman Caperucita Azul, Caperucita Amarilla, Caperucita Verde y Caperucita Violeta. Llevan hermosos e idénticos vestiditos de esos colores. Su mamá contrató a un pelícano para que les hiciera las capitas, pero no le alcanzó el género para las caperuzas…y  sólo les falta ese detalle para ser como Caperucita Roja. Le cuentan todo eso a Don Colorinche, un colorido papagayo que habla en verso. Las nenas le caen tan bien que se arranca sus plumas de colores y las reparte entre ellas para que se las pongan en la cabeza. Pero luego, al ver que se quedó desnudo, les pide que lo lleven al taller de decoración  de los enanitos para que le fabriquen otro traje.



            Si son las Caperucitas no puede faltar el lobo. Se llama Don Lobodón y, a lo largo de toda la serie, recurre a disfraces y artimañas para engañar a las chicas, pero siempre queda en ridículo ya que las Caperucitas son mucho más listas que él y, en aventuras posteriores, le juegan bromas bastante pesadas como ponerle una gran piedra en la boca o atarle una cañita voladora en la cola. Y tampoco falta la abuelita que, cuando Don Lobodón finge estar enfermo, le da un remedio tan amargo que debe salir corriendo a tomar agua del río.




            Volviendo al primer episodio, los enanitos del bosque no sólo hacen un traje nuevo para Don Colorinche sino también una  caperuza para cada una de las nenas “de género de color tan vivo que hacía entornar los ojos”.
            El mejor cuento de la serie es La fábrica de la lluvia. Don Lobodón no aparece. En el cuento anterior había intentado entrar a la casa de las Caperucitas disfrazado de mendigo, ellas lo reconocieron y le pidieron al Hermano Barómetro que desatara una tormenta fuerte. El  lobo huyó bajo la lluvia y se le fueron las ganas de atrapar Caperucitas…por un tiempo.




            El Hermano Barómetro es un monje pequeñito que vive en una casita que las Caperucitas tienen sobre su mesa. Cuando ellas lo llaman y sale a la puerta, empieza a llover. En este cuento las Caperucitas están tomando chocolate  para festejar la huida del lobo. Quieren saber cómo se hace la lluvia, por eso le piden al monje que las deje entrar, a las cuatro y a Don Colorinche, a ver su taller. Mágicamente pueden pasar por la pequeñísima puerta y se encuentran con un lugar maravilloso. En él hay muchísimos enanitos que hacen hervir en ollas enormes el agua de lagos enteros y, cuando se transforma en vapor, lo meten en moldes redondos para formar las nubes.  Otro ejército de enanitos fabrica gotas de lluvia de diferentes tamaños y las guardan en canastos de niebla que tienen rótulos como “Llovizna” o “Aguacero”. Ven a un gordo enorme que, sentado a una mesa, come glotonamente buñuelos de aire, es “Don Vendaval” que tiene una hija hermosa llamada “Brisa”. La pobre Brisa, como en los cuentos de hadas, tiene una madrastra mala que  se llama “Doña Tormenta” y un hermano, “Ventarrón”, que casi nunca la dejan salir de casa.




            Después pasan a otro lugar del taller, donde los enanitos cortan  llamas con grandes  tijeras para hacer rayos y centellas, y tocan enormes tambores y  hacen rodar pesadas bolas de madera para fabricar truenos, que  guardan en bolsas de nube.
            Todos están fascinados con la demostración de una tormenta, hasta que Caperucita Verde se asoma al balcón, ve a su madre que viene por el camino y les pide a todos que se detengan. Entonces Don Vendaval manda a Brisa al mundo para que acompañe a la mamá, mientras las Caperucitas y Don Colorinche vuelven a la casa y siguen tomando chocolate.



           
Gatito y su pandilla

            Esta serie se llama “Gatito”, pero le agregué lo de la pandilla porque hay títulos como La Navidad de Berilín (146), el primero de esta serie, escrito por Inés; Rompococo va a la escuela (160) de SiroB y La orejita de Perlina (162) de Inés. Los otros son: La carrera de Gatito (149), también de Inés y, finalmente Gatito y Rompococo (156) y Gatito futbolista (167), ambos del ignoto Papá Noel. Ninguno de Sánchez Puyol y todos ilustrados por Csecs.  Sin embargo, en  ellos también salen otros personajes como Pilín, Tilina, Inosito, el Rey Panza, Gatoto, Ratongo, Coquita, el hada Chispitas, Gorgonzola, Parmesano… todos  personajes de “Colección Gatito”, creados por Oesterheld.




            Ya vimos que Biblioteca Bolsillitos comenzó en enero de 1952 y Colección Gatito en agosto de ese mismo año. También cité las palabras de Boris que dicen que él es el creador del personaje de Gatito inspirándose en El gato con botas de Perrault. Ahora bien, no creo que se inspiró en cualquier versión, creo que se inspiró en la versión publicada en el número 12 de los Bolsillitos,  en abril de 1952. La adaptación es de Sánchez Puyol y las ilustraciones de Csecs, que serían, en pocos meses, el autor y el ilustrador de Gatito.
            El gato con botas no es Gatito, pero se le parece bastante, a pesar de ser amarillo en vez de blanco, ¡Y se llama Gatito!  El molinero es una primera versión de Pilín, que también es molinero; el rey no se parece mucho a Panza, pero también es gordo y el ogro parece un hermano de Rompococo…las únicas que no son parecidas son la princesa y Tilina.




            No sólo Boris estaba pensando en El gato con botas al crear su personaje, también Oesterheld pensó en el cuento al crear un héroe que es molinero y un enemigo que es un ogro y, también Csecs al dibujar a Pilín y a Rompococo parecidos a los que había dibujado antes. Evidentemente a los tres les gustaba el cuento de Perrault. Y a Inés sin duda.
            A mí también. El gato con botas es un personaje muy original. En los cuentos maravillosos,  el héroe, que suele ser el hijo menor, pobre y despreciado, logra triunfar gracias a la ayuda que recibe de algún animal o personaje mágico. En el cuento de Perrault, el molinero tiene tres hijos. Cuando muere el mayor hereda el molino, el segundo hereda el burro y así, los dos juntos pueden seguir trabajando de molineros. Pero el menor, hereda el gato y se queda sin nada. Primero piensa en comérselo y hacerse un manguito con su piel, pero el gato lo convence de que lo puede ayudar si le da un par de botas y una bolsa. Lo demás es igual a la versión de los Bolsillitos.
Lo particular de este cuento es que el hijo menor del molinero es un tonto, si no fuera por el gato se habría muerto de hambre. Me recuerda a Christian de Cyrano de Bergerac, otro buen mozo tonto que es incapaz de decir una frase que agrade a Roxana. El gato con botas no es el ayudante del héroe, es el verdadero héroe del cuento que consigue triunfar con algo más que astucia. Es mentiroso porque engaña al rey y a la princesa haciéndoles creer que su amo es un marqués; es ladrón porque le roba al ogro su castillo y sus tierras y hasta podríamos decir que es un asesino puesto que, con su astucia, hace que el ogro se convierta en ratón y se lo come. En definitiva es un sinvergüenza, pero no por eso deja de ser simpático. Por eso Boris dice que es un “ranún”.
Pero Gatito no es un sinvergüenza, todo lo contario, es un personaje noble que ayuda a los demás, sin mentir y sin robar, También tiene lo suyo, como cuando, en el Bolsillito 149 tiene que competir en una carrera llevando un fardo en la cabeza. Prepara dos: uno liviano relleno de algodón y otro pesado relleno de sal, y lo deja elegir a su rival. Obviamente el otro elige  el liviano. Pero la treta de Gatito reside en que  estaba lloviendo; el algodón lleno de agua aumenta de peso, pero la sal mojada se escurre del fardo y Gatito gana la carrera. Es solamente astucia, nadie fue engañado.




En este caso, la incorrección política del personaje de cuento clásico fue corregida en el personaje de los Bolsillitos.


Pepe Bolsillitos

            Como ya vimos, comenzó en las contratapas proponiendo pasatiempos y juegos. En setiembre de 1954, gracias a Inés y a Csecs, comenzó a vivir sus propias historias.
            Tiene seis cuentos: El librito de Pepe Bolsillitos (134), Pepe Bolsillitos en la Ciudad al Revés (136), El Año Nuevo de Pepe Bolsillitos (147), El Bolsillito N°150 (150), A las 5 de la tarde (173) y Pepe en el Jardín Zoológico (174). Y además ocho “Libritos sabios”, de los que hablaremos al final del capítulo.



            En el primer cuento de la serie, Pepe les habla directamente a los lectores, como solía hacerlo en las contratapas. Les explica el porqué de su nombre (su ropa tiene bolsillos por todas partes) y, de repente cuenta lo que pensó el día anterior:
            Estoy cansado de trabajar siempre en la última página de los “Bolsilltos”. Sería muy divertido que yo tuviera un librito para mí solo…Lo que puedo hacer es dar un paseíto: a lo mejor veo algo original para contarles a los chicos.”
            Entonces se toma un tranvía y empiezan los líos. Al final, cuando al fin llega a su casa…
            Y sueño que aparece un “Bolsillitos” que se llama “El librito de Pepe Bolsillitos”, donde se narra mi aventura del tranvía…




            Esta idea de estar dentro y fuera del libro, de no saber si está viviendo en  la realidad o en la ficción, se desarrolla magistralmente en el 150 que lleva por título, precisamente El Bolsillito N°150.
La historia comienza cuando Trapito, el personaje de Susi-Agi, que está trabajando de cartero, le entrega al perrito Aserrín un telegrama para Pepe Bolsillitos. El perrito se lo alcanza y Pepe lo lee. Se lo envía “el jefe” para invitarlo a una fiesta en su honor por la aparición del Bolsillito Nº150.
Guardándose la dirección en uno de sus bolsillitos, Pepe marchó a todo correr hacia la Editorial Abril, que era un edificio muy alto y muy blanco donde se hacían todos los libros de “Bolsillitos”.
 Una vez llegado, la secretaria, sin mirarlo siquiera, lo confunde con el chico de los mandados y lo manda a ver al jefe.
El texto sigue:
 -¡Al fin llegaste! ¡Toma la bicicleta y lleva inmediatamente estas páginas a la imprenta! ¡Son las del “Bolsillito!”150!- exclamó sin verlo un señor que parecía el jefe .(Además, debía ser el jefe porque tenía sobre su escritorio un pastelito muy rico).
De la imprenta lo mandan a comprar tinta y papel, vuelve a la editorial y lo mandan a llevar los dibujos a la imprenta. Cuando regresa, el pobre Pepe, rendido de cansancio, se tira a descansar en un sillón. Luego oye a la secretaria diciendo que no ha llegado ningún Pepe Bolsillitos y los helados de la fiesta se están derritiendo. Antes de que le pueda aclarar que es él, sale el jefe, lo reconoce y lo lleva a la fiesta en la cual están las Caperucitas, Osito, Muñequita, Trapito, Caballito y Panchita quienes lo felicitan.
El cuento termina así:
Y mientras todos lo abrazaban y el jefe le sonreía Pepe pensó que nunca había trabajado tanto en su vida como para el “Bolsillito” 150. ¡Y eso que ni siquiera lo había leído!
Igual que en el primero de la serie, hay  un modernísimo guiño de complicidad al lector que sabe lo que el protagonista del cuento no sabe: que lo que cuenta el Bolsillito 150 son las penurias que tuvo que pasar Pepe para que el mismo pudiese publicarse a tiempo.
Pero aún hay más. Vayamos a las ilustraciones. La primera vez que aparece el jefe, su cara está parcialmente tapada por un periódico. En cambio, en la ilustración de cuando descubre a Pepe se lo ve claramente…¡es una caricatura de Boris! 




El dibujante que medita con el pincel en la mano como si no supiera qué hacer es Hugo Csecs, que dibujó su propio autorretrato. Lo sé porque una de sus nietas, al ver la imagen en el blog , lo reconoció.



Lamentablemente, las hijas de Inés, la autora, no la reconocieron en ningún personaje y me contaron que su madre trabajaba como free-lance y sólo iba a la editorial para llevar los cuentos. Las que trabajaban en ella eran Susi y su hermana Ditti y las hermanas Varsavsky, Ruth y Edith, pero, hasta ahora, nadie las identificó.
            De todas maneras, saber que, por lo menos, Boris y Csecs están como personajes dentro del cuento, haciendo lo mismo que Pepe Bolsillitos, mezclando la realidad con la ficción, es fascinante. Estamos en diciembre de 1954. Y todavía hay quien dice que en los 50 no se hacía buena literatura infantil en Argentina…
            El personaje de Pepe Bolsillitos es como un líder que aglutina a todos los demás. En El Año Nuevo de Pepe Bolsillitos también salen los personajes de otros Bolsillitos que aparecen en el 150. Y en A las 5 de la tarde, además de Panchita, Picaflor y las Caperucitas, aparecen Inosito, los Negritos (¡nuevamente negros como el carbón!), Don Corolinche, Berilín y  Gatito.




Pinocho y Pinochita

            Estos personajes no fueron invitados a la fiesta del Bolsillito 150 porque aún no trabajaban para la editorial.



            Su primera aparición es en el número 192 La sastrería de Pinocho y Pinochita. Se trata nuevamente de una pareja de hermanos, pero esta vez con una diferencia de edad más marcada: Pinochita es bastante chiquita y Pinocho es el encargado de cuidarla.  Es él quien decide hacer una sastrería para ganar dinero y llenar su alcancía.  A pesar de ser el mayor, no es lo suficientemente alto como para poder tomar las medidas a los clientes, y las tijeras son muy pesadas, y las telas muy largas. Mientras Pinocho se desespera porque no puede terminar un traje, su hermanita, con los retazos que él descarta, prepara ropa muy pequeña, cambia el cartel de “Sastrería Pinocho” por otro que dice “Pinochita. Sastrería para enanitos. Elijan su traje y dejen una moneda en la alcancía”, deja la puerta abierta y se va a dormir. A la mañana siguiente, la ropita desapareció y la alcancía está llena. Pinochita vuelve a poner el cartel original antes de que su hermano se dé cuenta. Pinocho descubre que la alcancía está llena la noche siguiente y se queda tan asombrado que no duerme y ve a los enanitos y también el cartel de su hermana. Lo rompe y lo reemplaza por otro que dice: “Pinocho y Pinochita, Sastrería para enanitos.” A partir de ese día, la alcancía siempre estuvo llena.



            Pero parece que a los hermanos les gustaba más la novedad que el dinero ya que, a pesar de su éxito, cambian de negocio en cada cuento. Los siguientes son: La confitería de Pinocho y Pinochita (207), La librería …(214), La farmacia…(233), La florería..(229), La agencia …(245) y La heladería..(249).




Los textos son de Nora y las ilustraciones de Chikie.

 Mi almanaque

            Es una serie exclusiva de 1956. Son doce cuentos, uno por cada mes del año, protagonizados por un personaje de Disney o uno de un cuento clásico. Son los siguientes: Donald en enero (196), Caperucita en febrero (200), Los chanchitos en marzo (205), Pinocho en abril (209), Aladino en mayo (213), Blancanieves en junio (218), Los tres osos en julio (222). Hansel y Gretel en agosto (226), Pulgarcita en setiembre (231), El patito feo en octubre (235), El flautista de Hamelin en noviembre (240) y Cenicienta en diciembre (244). En la contratapa viene la hoja del calendario correspondiente al mes, debajo de una ilustración alusiva al cuento.





            Los argumentos tienen que ver con fiestas o efemérides escolares de cada mes: en enero los Reyes y las Vacaciones, en febrero el Carnaval, en marzo el comienzo del otoño,  en abril el inicio de las clases y el Día de las Américas…
            La ilustradora de toda la serie es Chikie  y el autor es Sergio…sólo Sergio. Un buen autor que escribió solamente esta serie,  pero muchos “Diarios de mi amiga” y muchas historias principales de “Gatito”. Otro enigma sin resolver.


Un librito sabio

            Es la serie que reúne los Bolsillitos informativos, que trataban algún tema histórico o científico. Tenían un cartelito dibujado en la tapa que decía: “¡Un librito sabio de la Biblioteca Bolillitos!” Así que los chicos podían saber, con sólo ver la tapa, que no se trataba de un cuento.
            El primero fue el número 175 Los Pieles Rojas, de junio de 1955, escrito por Carso.  Otros títulos son: Los hombres vuelan (186) de W. Pérez, ¡Vamos al fondo del mar! (197) de Alberti, El mundo es redondo (204) de J. Matheo, El caballero Amadís de M. Villar (227), Pepe Bolsillitos en la selva misionera (254) de Pedro, Los pingüinos (272) de Edith, El rinoceronte y el pajarito, de Nora (281), Las mariposas (257), de Sánchez Puyol…



            Vemos en la lista muchos autores nuevos que se especializaban en estos libritos y no escribían cuentos, salvo los dos últimos que ya conocemos. Y si bien los ilustradores a veces eran los mismos, hay un ilustrador que sólo tiene libritos sabios; su nombre es Horacio.
Hay cuarenta y dos libritos sabios
            A fines de 1959 salieron otros dos Bolsillitos informativos sin el rótulo de “un librito sabio”, ambos de Pedro (Orgambide): Godofredo y los oficios de la Edad Media (375) y Así se escribe (386). Al final de cada uno, se dice que pertenecen a la serie “El monito sabio”

                                                                Nº386 Así se escribe


Últimas series de los 50

            En 1957 aparecen dos series, casi al mismo tiempo y con características similares: ambas tienen protagonistas animales que salen en todos los cuentos alternando el protagonismo y todos los títulos, o casi todos en el caso de la segunda, están escritos por Beatriz. Salían publicados alternadamente.

Los cachorritos

            Esta serie fue ilustrada íntegramente por Chikie. El primer número es el 258 Chiribín el pollito,  donde interactúa con otros personajes de la serie: Toti, Diana, Chapotín y Colita. En realidad eran como dos series: la de los animalitos de la granja con cuentos como Toti el chanchito (264), Colita el conejo (269), Festival el perrito (273), Diana la ovejita (286), Chonino elgatito (291), Chapotín el patito (295)…Y la de animales de la selva: Nagó el elefantito (278),Pepe el monito(299), Pinto el tigrecito(320), Fifí la jirafita (352). Sin embargo, en Nagó el elefantito aparece… el patito Chapotín




Es inevitable no pensar en la colección “Mis animalitos” de Editorial Sigmar. La diferencia es que estos cachorritos son  amigos y viven sus aventuras juntos. En esta primera década salieron veinte títulos de la serie y la misma continuó en los sesenta.

La vida en el bosque

            Los cuatro primeros títulos de esta serie: Nicolita no puede dormir (255), Ratina y Ratino (268),  Bichita aprende a nadar (270) y Mamá Paloma (274) son de Sánchez Puyol; todos los demás, de Beatriz.  Es raro; tal vez fuera una serie pensada por Oesterheld que, cuando este escritor dejó de trabajar en Abril, continuó Beatriz. La ilustradora es siempre Ruth.





            También se trata de animales, pero que viven en un bosque y no son todos cachorros.  Están Manchita, una ciervita;  toda una familia de conejitos, los Bigotes; Osiquito, un pequeño mapache (presentado como “osito lavador”); las ardillitas Chiquilindas;  Nicolita el koala (presentado como “osito”) y otros animales-niños, pero también hay  adultos como Pato Cartero y el zorro Palote, que tiene gran protagonismo ya que es el maestro de los pequeños.




Es un bosque muy especial donde conviven mapaches, koalas, zorros, ratones, palomas, ciervos, ardillas, castores, lobos, puercoespines, abejas, en perfecta armonía.
            Salieron veintidós en los años  cincuenta. Algunos títulos son: El cumplemeses de Manchita (279, La escuelita de Palote (290), Canelita tiene un secreto (298), Las Chiquilindas pueden volar (308), Rolando sabe qué hacer (322), Aromando no tiene miedo (342), El más chiquito de los Bigotes (372).


Carnavalito

            Esta serie parece ser un desprendimiento de la anterior. También es de Beatriz y Ruth, y también sus protagonistas son animales. Pero, en este caso, exclusivos del noroeste argentino:




            Aparecen la llama Azucena, la vizcacha Pacha, el cóndor Abelindo, la vicuña Viqui, el quirquincho Jacinto, los cabritos Celeste y Brinco. En el primer libro de la serie, Coquena el duende (364) este personaje engaña a los animales para llevarlos a vivir a un pueblito en medio de las montañas, donde puedan estar todos juntos y protegerse entre sí. Hay otros animales que hacen el papel de villanos: la comadreja, que no tiene nombre, y el puma Sombra. El duende Coquena es un personaje tradicional del folklore norteño y es el encargado de proteger a los rebaños.
            Los siguientes títulos de esta serie son: Jacinto el quirquincho (370), La quena de Coquena (384), El cuento del paraguas (388), El viaje de Viqui (396) y La fiesta de Fin de Año (400), de diciembre de 1959.



¿Proto-Polidoros o Polidoros disfrazados de Bolsillitos?

Estas últimas series que acabamos de analizar son todas escritas por Beatriz. Y no sólo las series, la mayoría de los Bolsillitos digamos “fuera de serie” también son suyos a partir de estos últimos años de la década. Así como la mayoría de los ilustraciones son de Ruth, aunque aparecen ilustradores nuevos, como veremos en el capitulo siguiente. Beatriz Ferro pasó a ser un sinónimo de Bolsillitos.
            Hagamos un poco de historia. En 1966, cuando fue el golpe de Onganía, Boris estaba trabajando como gerente general de Eudeba. No sólo él renunció a su empleo por esta causa, sino todo el grupo de gente que constituía su equipo y lo acompañaron en su nuevo proyecto: el centro Editor de América Latina. La primera colección de esta editorial que empezó a venderse semanalmente en los kioscos, en mayo de 1967, fue “Los cuentos de Polidoro”, que Boris, Beatriz Ferro y Oscar Díaz  estaban planeando lanzar en Eudeba,  Veamos lo que cuenta Boris:

…Los dirigía Beatriz Ferro que había trabajado conmigo, que se había formado conmigo en Editorial Abril y después trabajó esporádicamente en Eudeba, Tuvimos después diferencias a lo largo de nuestras vidas…ni ella es una nena ni menos lo soy yo, pero es una persona que escribe muy bien. Ella dirigió la colección e hizo muchas traducciones y recreaciones de los Cuentos de Polidoro,,,.[14]

Ahora bien, la mayoría de los “Polidoros” son recreaciones de cuentos populares de diferentes países, de cuentos de Las mil y una noches, de narraciones sacadas de La Biblia o de las mitologías griega, nórdica y americana. Esa labor de rescatar las historias tradicionales  de distintas partes del mundo no la inició Beatriz Ferro en el CEAL, la inició en Abril diez años antes, en dos series de los Bolsillitos.


Los pueblos y sus cuentos

            Fue la primera en comenzar, en abril de 1958. Todas las adaptaciones son de Beatriz, por eso mencionaré sólo al ilustrador.  Beatriz fue una persona amante de los cuentos tradicionales que supo captar la esencia de los mismos, sin deformarlos, ni banalizarlos. Las adaptaciones de los Bolsillitos son tan buenas como las de los Polidoros, aunque sean menos conocidas.




            La lista de los títulos publicados en estos últimos dos años de los cincuenta es la siguiente.
            -El conejito que quería ser quintero (312), cuento mejicano- Ruth
            -Uncama el bueno (314), cuento sudafricano- Ruth
            -Tomasito y el búfalo (319), cuento norteamericano- Leo
-La adivinanza del jardín (323), cuento brasileño- Leo
-El cisne que nadie pudo cazar (329), cuento Piel Roja- Leo
-La maestra del rincón (334), cuento nórdico- Leo
-El muchacho adivino (343), cuento persa- Ruth
-La princesita Verde Lino (351), cuento escandinavo- Ruth
-La princesita Fanta-Guiró (357), cuento florentino- Ruth
-Verlioka el gigante (362), cuento ruso- Ruth
-La Señora Nevisca (369), cuento alemán- Agi
-Un castillo en el aire (373), cuento español- Ruth
-El pueblo que robó la primavera (385), cuento norteamericano- Ruth
-Rikili (390), cuento australiano- Csecs
-Una huerta en las nubes (398), cuento peruano- Ruth


Historias del mundo

            Esta serie comenzó en marzo de 1959 y  está más orientada a las mitologías.
            En su primera etapa, la mayoría son narraciones bíblicas:
            -El arca de Noé (361)- Leo
            -José el soñador (378)- Leo
            -David contra el gigante (391)- Csecs
            -El niño del canastito (397)- Ruth
            -El camino de la estrella (399)- Agi
            -Hanuman el mono (376) Ruth, un cuento del Ramayana, poema sagrado hindú
            -La visita a los gigantes (382)- Leo; una leyenda nórdica
-El enanito de Uxmal (387)- Ruth un cuento de la mitología maya
 Y dos de la mitología griega:
-El regalo de Prometeo (366)- Leo
-El peluquero que guardó el secreto (395)- Csecs.

            Muchos de estas historias, incluso con el mismo título, fueron reescritas para los Cuentos de Polidoro, por Beatriz u otros autores.




            Ya terminamos con la gloriosa década de los cincuenta: pero aún faltan nuevas series, y algunos nuevos autores e ilustradores surgidos en los sesenta.


Los Bolsillitos y su contexto

            Si leemos, y miramos, porque las imágenes también dicen mucho, los Bolsillitos que tienen a niños (o animales humanizados)  como protagonistas, podemos recordar -los más viejos- y aprender -los más jóvenes- cómo era la infancia en aquellas épocas.

La escuela

            En el número 11 La escuelita podemos ver los pupitres de madera, la regla de madera y la caja de lápices, también de madera, con la tapa corrediza. Poco plástico en los cincuenta. 



En Fiesta en la escuelita (38) vemos a los nenes con el guardapolvo abrochado por delante y a las nenas con el delantal tableado abrochado atrás con un lazo y un moño en la cintura. Muy almidonados, por supuesto. La maestra usa el mismo modelo que las nenas, pero más largo, pasando las rodillas. Todos los varones llevan pantalón corto.




            En Inosito va a la escuela (135) aparece el tintero en los pupitres, la lapicera con pluma “cucharita” y el pizarrón pintado de negro. En mi calle (65) la nena que va  a la escuela no lleva mochila sino un portafolio de cuero. En Otoño (166) los escolares llevan portafolios. Panchita también usa el delantal tableado con moño y el portafolio.




            Rompococo va a la escuela (160) comienza así:
            Era el 1° de abril. Una larga larga larga fila de chicos con delantales blancos iba camino de la escuela.



            Todos los Bolsillitos que hacen referencia al comienzo de las clases son del mes de abril. ¿Realmente empezaban las clases tan tarde? Busqué mis cuadernos de primer grado “inferior” (1955). El cuaderno borrador, no tiene fechas. En la primera hoja del cuaderno de clase, con la letra caligráfica de la Señorita Adela, está escrito “Lunes 11 de abril”.  Supongamos que los primeros días sólo usábamos el borrador. Sin embargo, el primer ejercicio es el mismo: copiar “papá y mamá” en letra cursiva varias veces. Y no hay diferencia entre mi escritura en el borrador y en el de clase, las dos son igualmente horribles comparadas con el modelo de la señorita, quien podía llenar el pizarrón con la misma letra cursiva tan elegante. Deberían haberla contratado como letrista de los Bolsillitos. A nadie se le hubiera ocurrido escribir en el cuaderno con mayúscula de imprenta, ni siquiera en el borrador.
              Efectivamente en esos años las clases comenzaban el 1º de abril, se puede corroborar en los calendarios oficiales del Ministerio de Educación,


El barrio

            En todos los Bolsillitos los chicos andan solos por el barrio; hacen mandados (no van al supermercado, sino a la panadería, la verdulería o la carnicería),





 van a la plaza, juegan en las veredas. ¿A qué juegan? A saltar a la soga, a la pelota, a remontar barriletes, a la ronda, a la mancha, a las escondidas.



            Eran los juegos a los que los chicos jugábamos no sólo en el patio de la escuela sino en la vereda. Nosotros vivíamos en un primer piso y mi mamá nos llamaba por la ventana “a tomar la leche”. Mi hermano y yo solíamos jugar desde la puerta de la casa, que estaba a mitad de cuadra, hasta la esquina, dábamos “vueltas manzanas” y también cruzábamos las calles para hacer algún mandado. Nuestros amigos eran los chicos vecinos, formábamos un grupo que entraba y salía de varias casas de la cuadra. A los ocho o nueve años íbamos solos a la escuela y a la casa de los abuelos que estaba a algunas cuadras de la nuestra.




            Hay muchos Bolsillitos con calesitas y en ningún barrio faltaban.
            En el librito de Pepe Bolsillitos (134) salen el tranvía y el policía a caballo. Nosotros tomábamos el tranvía 31 para ir al zoológico.





Las fiestas

            En el primer Bolsillito de Navidad, en 1952, El regalito de Navidad, Papá Noel no aparece, son los animalitos los que compran los regalos para el arbolito.
En el de 1953, ¡Feliz Navidad! (94), aparece Santa Claus. 





En el de 1954 La Navidad de Berilín (146), también los personajes se hacen regalos los unos a los otros. En las cenas de Navidad y año Nuevo no faltan la sidra, el pan dulce y los turrones.




 Los Reyes Magos aparecen siempre, con sus nombres, sus camellos y los zapatos de los chicos en la ventana. A Baltasar siempre se lo llama “el rey negro”. Los regalos para los nenes son pelotas, autitos y trencitos; para las nenas, muñecas y ositos.
            En los cincuenta, para los chicos, era más importante el día de Reyes que la Navidad. Recuerdo que Papá Noel nos dejaba un juguete pequeño, colgado en una rama del arbolito. El regalo grande siempre lo traían Los Reyes, por supuesto, había que poner los zapatos. No dejábamos nada para los renos de Papá Noel, pero no nos olvidábamos del pasto y del agua para los camellos de los Reyes. Y armar el pesebre era tan importante como armar el arbolito.




            El carnaval es infaltable en todos los Bolsillitos de febrero. Para los chicos era importante el carnaval (Halloween no se conocía); todos nos disfrazábamos y salíamos, a la tarde, a la vereda a mostrar nuestros trajes. Los disfraces más comunes eran los que aparecen en los Bolsillitos: el gaucho y la paisana, los gitanos, el indio y el cowboy, el pirata, la bailarina, la pareja de holandeses, la italiana con la pandereta, la española con las castañuelas…nada de princesas y superhéroes.  A la noche íbamos con nuestros padres al corso o al baile de un club del barrio.




            En los cincuenta no hay ningún Bolsillito relativo a la Pascua y tampoco recuerdo que me hayan dado un huevo de chocolate para esa fecha.
            En Cucucito (46) hay un cumpleaños infantil. La ilustración de la página central es una mesa redonda con una torta rodeada de tacitas. En La fábrica de la lluvia,  entre tanto despliegue de fantasía, hay una marca realista: Las Caperucitas y Don Colorinche festejan tomando chocolate.


 En El cumpleaños de Muñequita (141), la protagonista prepara una torta con velitas y lleva en una bandeja un juego de tazas floreado. En los cincuenta, en las fiestas de los niños, cumpleaños y otras celebraciones, no se servían gaseosas y papas fritas. Había chocolate caliente servido en tazas decoradas, que se acompañaba con torta y masitas, como muestran las ilustraciones de los Bolsillitos.


            Hay varios cuentos sobre el “Día de la madre”, pero ninguno sobre el “Día del padre”.  Por mi parte, tengo recuerdos de haber ido a comprar regalos para mi mamá, pero no para mi papá. Tal vez no se festejaba, o no se le daba tanta importancia. El “Día del niño” no existía, ni en los Bolsillitos ni en la vida real.




            Vemos que los Bolsillitos no sólo nos cuentan la vida de animales parlantes en el bosque o en la granja, historias de príncipes y princesas de épocas remotas, explicaciones fantásticas de fenómenos naturales, cuentos de juguetes que cobran vida… también nos abren una ventana a la infancia de sus primeros lectores.






[1] Entrevista a Boris en Delia Maunás, Boris Spivacow, Memorias de un sueño argentino, Buenos Aires, Colihue, 1995.
[2] En el capítulo”La literatura infantil de menor a mayor” en Noé Jitrik, Historia crítica de la literatura argentina, tomo 11 La narrativa gana la partida, Buenos Aires, Emecé, 2000.
[3] Reportaje a Susi Hochstimm. ídem nota 1                                                                                                                                                                                                                                                                            
[4] Italo Calvino, Perché leggere i classici, Verona, Mondadori, 2006
[5] Publicada en español inicialmente por Editorial Anaya, en su colección “El ratón Pérez” de la década del 80, luego por Lumen en 2001 y finalmente por Macmillian en 2012.
[6] Charles Perrault, El gato con botas, Adaptación de Alberto Szpunberg, Colección Cuentos infantiles, Barcelona, Editorial Sol, 2005
[7] Una buena versión de este cuento: Charles Perrault, El Gato con botas, versión castellana de Joëlle Eyheramonno y Emilio Pascual, ilustraciones de Jesús Gabán, Barcelona, Ediciones B, 2003,
[8] Otras buenas versiones; Charles Perrault, Cenicienta, versión castellana de Joëlle Eyheramonno y Emilio Pascual, ilustraciones de Isabelle Forestier, Barcelona, Ediones B, 2003 o Charles Perrault, La Cenicienta o El zapatito de cristal, versión en español de José Emilio Pacheco, ilustraciones de Errol Le Cain, México, Asuri, 1982,
[9] Una buena versión argentina: Charles Perrault, La Caperucita Roja, traducción e ilustraciones de Leicia Gotlibowski, Buenos Aires, Del Eclipse, 2007.
[10] La versión alemana: Jacob y wilhem Grimm, Caperucita, versión castellana de José Miguel Rodríguez Clemente, ilustraciones de Javier Serrano, Barcelona, Ediciones B, 2003.
[11] Versiones fieles al original: Jacob y Wilhem Grimm, Hansel y Gretel, versión española de José Emilio Pacheco, ilustraciones de Susan Jeffers, Madrid, Alianza, 1985 o Jacob y Wilhem Grimm, Hansel y Gretel, traducción de Txaro Santoro, ilustraciones de Lorenzo Mattotti, Barcelona, el zorro rojo, 2010.
[12] León Tolstoi, Los tres osos, Editorial Progreso, Moscú, 1976
[13] Hans Christian Andersen, El porquerizo, adaptado por Arnica Esterl, ilustraciones de Anastassija Archipowa, León, Everest, 2005.
[14] Ídem que el anterior